La extinción de las Farc
Humberto Cardoso
Por virtud de lo acordado en el proceso de negociación con las FARC, en procura de conseguir para nuestro país una paz estable y duradera, se incluyó en el denominado “Acuerdo Final”, cuya implementación se está adelantando en el Congreso de la República, un capítulo denominado “Fin del Conflicto”, en el cual se establecen las obligaciones a cargo de las partes, respecto del cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo y dejación de las armas, en procura de contribuir al surgimiento de una nueva cultura en el ejercicio de la política.
La segunda semana de enero del presente año, el Consejo Nacional Electoral reconoció a la agrupación "Voces de Paz”, como vocera de las Farc en la implementación de los acuerdos de La Habana en el Congreso, reconocimiento que se constituye en un paso trascendental para la conformación del partido político de esta guerrilla, en vía de extinción como organización política armada.
A lo anterior se suma el proceso de concentración de la guerrilla en las Zonas Veredales Transitorias de Normalización, en cuyo desarrollo se cumple con la entrega de las armas, en un periodo que no puede ir más allá del mes de junio del presente año, hasta su entrega total a la ONU, organización que certificará y comunicará a la opinión pública su finalización. Las armas serán fundidas paraser destinadas a la construcción de los monumentos conmemorativos acordados.
La reciente visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania y del Presidente de Francia, a estos campamentos, ubicados en regiones en las que se vivió el conflicto armado en toda su intensidad y hoy son territorio de paz, son manifestaciones elocuentes de respaldo al pueblo colombiano, en su propósito de reconciliación.
Insistir en mantener vivo el recuerdo de las acciones violentas de las Farc, poniendo en entredicho la sinceridad de su arrepentimiento y propósito de enmienda, implica anteponer el ansia de vindicta, a la construcción de un espíritu colectivo de fraternidad entre los colombianos, que supone el deseo de un futuro más justo y promisorio para las nuevas generaciones.
No podemos perder la oportunidad que se nos presenta, para examinar sabia y prudentemente el camino recorrido y advertir con claridad el rumbo que debemos seguir. O será, entonces, que muerto el tigre le vamos a tener miedo al cuero.
