miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-10-06 08:09

La estupidez y el poder

Luis Miguel Flórez Saab

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 06 de 2015

El filósofo italiano Giancarlo Livraghi afirma que frente a muchos devastadores desastres político-económicos acontecidos en nuestros países, usualmente nos inclinamos a culpar a la perversidad intencional, a la malicia astuta, a la megalomanía, etc, de las malas decisiones. Y claro que hay algo de esto, sin embargo, subraya, que cualquier estudio concienzudo de la historia, o de los eventos actuales, nos lleva a la conclusión que la fuente más grande de los peores errores es la pura estupidez humana.

Coincide con ello Carlos M. Cipolla, historiador y  economista en Berkeley, quien llegó a dar con una definición bien interesante sobre el tema, e incluso postuló  5 leyes fundamentales de la estupidez humana, que se resumen así:

Primera: Siempre e inevitablemente, todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación. Segunda: La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona. Tercera: Una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas. Cuarta: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas.  Quinta: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

Trayendo esto de una manera muy simple al terreno del poder y las decisiones públicas, un acto de estupidez sería el de votar por los menos capaces y por quienes generan dudas por su falta de transparencia. En particular, porque hoy día cualquiera tiene acceso a muchas fuentes de información, y puede verificar las hojas de vida, examinar las alianzas, estudiar los programas, y contrastar las trayectorias de los aspirantes a cargos públicos, lo que en un proceso inteligente, por encima de consideraciones emotivas o manipulaciones superficiales, nos permitiría ejercer responsablemente este derecho democrático, y votar por los mejores.        

El caso de Bogotá ejemplifica esto: los sucesivos y calamitosos gobiernos del Polo han sido una mezcla de factores como el populismo, la corrupción, la  incompetencia, que fueron potencializados por la estupidez contagiosa de muchos electores, -que causaron daños y nunca obtuvieron beneficio alguno-, eligiendo a los responsables de la debacle de nuestra ciudad capital.  

La apatía ciudadana, la falta de un riguroso escrutinio de quienes pueden ser sus gobernantes, y la ignorancia, brindan un espacio demasiado amplio al poder de la estupidez. Y cuando la estupidez de una persona se combina con la estupidez de otras, el impacto crece de manera geométrica, es decir, por multiplicación, no adición, de los factores individuales de estupidez.

La reversión de esta peligrosa tendencia es posible, pero requiere la convergencia de personas inteligentes, capaces de asumir el poder con un empuje colectivo para introducir un cambio necesario y trascendente en nuestras sociedades.