domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-10-23 11:33

La encrucijada

Jaime Salazar Díaz

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 23 de 2016

Nada fácil se presenta para los colombianos la solución DEFINITIVA a la situación con las FARC.  La presión del itinerario de firma y publicación de un Presidente “light” en pos del Nobel  produjo un documento “light”. Ahora hay que corregirlo y las primeras partes, sobretodo la guerrilla se siente “conejiada” después de todo lo alcanzado en las dos primeras versiones lanzadas al estrellato planetario en donde les salía prácticamente gratis todo su prontuario.   Se les olvidó a las FARC que en su larga historia de atrocidades a indefensos ciudadanos  y asaltos inmisericordes a poblaciones pacíficas, perdidas en la agreste geografía nacional, hicieron heridas profundas a  millones de colombianos. El destacado periodista huilense Herbin Hoyos ha recordado y denunciado con gran valor las mas de 400 víctimas de la guerrilla que ésta ha tratado de esconder para  engañar a la opinión pública con el ardid de mostrar solamente  víctimas de los paramilitares y de algunos equivocados procederes de aislados miembros de la fuerza pública. Piedad Córdoba, sorpresivamente rehabilitada  de su ostracismo político por el Consejo de Estado, ha organizado en compañía del profesor Alejo Vargas Velázquez, director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional estas “clasificaciones” que arteramente convierten a las niñas y niños enrolados por las FARC en “protegidos”, a los secuestrados en “retenidos” y a los desaparecidos en invisibles. Son cuentas documentadas de Hoyos ¡ a partir de la iniciación de los diálogos en la Habana! Esto no ayuda a la paz. Tampoco ayuda que otros dirigentes del SI y promotores de las carpas en la Plaza de Bolívar, subsidien a la luz de la luna a unos jóvenes estudiantes que de buena fé están pidiendo celeridad en los acuerdos finales. Esto deslegitima la espontaneidad de su actitud, valiosa en  estos momentos difíciles. Los temas  que todavía deben aclararse son serios, muy serios y aunque todos somos concientes que el tiempo apremia no por esto hay tratarlos a la ligera o con astucias de ocasión. En la calificación final que se dé a los delitos cometidos y por lo tanto al tratamiento que se acuerde,  hay que hacer una necesaria distinción: una cosa es el insurgente alentado por un ímpetu de justicia social que sacrifica su existencia y la de su familia en aras de un ideal, y otra cosa es el cabecilla que se dejó tentar por el narcotráfico y asumió entonces una vida criminal en donde los ideales desaparecieron envueltos en el fango de lo mafioso y de lo inconfesable. Esto último no tiene perdón en un acuerdo civilizado de paz. Así mismo nadie entiende que un país que ha construido  su historia en medio de guerras civiles y cruentos enfrentamientos y que finalmente ha logrado siempre con el diálogo llegar a soluciones políticas que de alguna manera nos han colocado honrosamente a la par de otras naciones de nuestro continente, necesite ahora de la intervención de jueces foráneos. Yo, personalmente, tengo la convicción de que de este lío saldremos victoriosos todos los colombianos. La paz duradera tiene como condición necesaria que no puede dejar vencedores ni vencidos ¡