La educación, buena prospectiva para el Huila
Yefer Vega Bobadilla
Cuando registramos los inicios del gobierno departamental, el de Neiva y otros municipios del Huila, no deja de causarle a uno buena impresión porque todas sus actividades pretenden girar en torno de la educación y también porque esta no ha sido la constante en los programas de gobierno de muchos mandatarios que han ejercido sus funciones, a veces con gesto de indiferencia hacia la educación, sus estudiantes y, sobre todo, a sus maestros. Nunca se ha pensado en serio que la educación es el eje fundamental para el desarrollo de cualquier país. Y que el nuestro es uno de los países que lleva más de cincuenta años de atraso en relación con los más adelantados del mundo, como Noruega, Australia y Holanda, que no han ahorrado ningún esfuerzo en invertir en este factor de desarrollo.
Estos proyectos se hacen mucho más importantes si se tiene en cuenta que nuestro querido Huila está ubicado en una zona que ha sido un territorio de constantes conflictos, no de ahora sino de mucho tiempo atrás, digamos que desde la misma colonia, porque el invasor se encontró con unos paeces y unos pijaos que montaron una resistencia tenaz para defender sus zonas de influencia. Y la educación es la única fórmula salvadora para recuperar tanto atraso que nos agobia; no solo desde el punto de vista económico sino desde lo social, lo cultural y lo político que son los parámetro que debemos fortificar para que la paz que vamos a construir sea real y que se traduzca en unos comportamientos más humanos y civilizados, en donde ningún tipo de violencia tenga asomo.
Y digamos que esa educación debe surgir de un acuerdo que nazca en el entorno educativo, en donde los maestros se pongan a pensar en cuál educación es la que se va a implementar, y qué tipo de ciudadano se debe formar. Por esta razón, los maestros deben volver al aula para diseñar, en común el qué y el cómo de esa educación; porque no se puede seguir pensando que sólo mediante ciertos paradigmas educativos el hombre conquistaría el cielo, aunque no tuviere en cuenta los avances técnicos, científicos y filosóficos del momento. Es que no es solo pensar en la educación, es necesario pensar en esos hombres y en esas mujeres que requiere el país que necesitamos reconstruir. ¿Y cuál es ese país que necesitamos? Este es otro tipo de estudio que tiene que hacerse, porque no se trata de pensar en un país donde sólo pueda vivir yo. ¿Y los demás?
Dentro de este contexto, no podemos seguir pensando en el desarrollo individualista que deja al margen a muchos seres humanos y no humanos, que carcome la convivencia universal y potencializa todos los egoísmos, que seguirán reclamando su violencia para mantener su imperio que se alimenta de la pobreza de los pobres, aunque suene redundante, pero lo que se requiere es que se comprenda la verdad.
Realmente, la paz y la convivencia humana solo se pueden construir con una educación basada en la filosofía del amor y la fraternización de todos los pueblos, donde confluyan razas, doctrinas, filosofías, políticas, nacionalidades y religiones. Es la educación para construir un futuro donde el amor por el otro nos impida causarle cualquier mal. Es un ideal al cual debemos llegar para conquistar la felicidad que hace mucho tiempo esperamos. Sólo con esta educación estaremos seguros que el aroma de la paz se podrá mantener vivo dentro de un contexto social incluyente. Y si todo se cumple, como lo entendemos, seguramente habremos diseñado una prospectiva muy importante para el desarrollo armónico de nuestro departamento.
