La desgracia de ser Alcalde
Diógenes Díaz Carabalí
Ser Alcalde como que lleva impreso una maldición de desgracia, por culpa u omisión los ex–… viven un calvario que los lleva a perder su identidad, las compañías y hasta las familias, nadie quiere relacionarse con alguien que haya sido Alcalde. A su paso le llueven críticas de la gente, con su presencia se hacen mofas, si viaja, es con lo que hurtó del erario público; si come, fue por las coimas que pactara con los contratistas; si se toma un tinto, es por las propinas que recibió de los proveedores; si estrena una camisa, es porque se aprovechó de su cuarto de hora. En resumidas cuentas, toda la actividad de los alcaldes, cumplido su periodo, es producto del robo que hizo desde su escritorio, a más de los hijos que le adjudican y que a duras penas puede disfrazar como ahijados.
Muchos de mis amigos han terminado en la cárcel. Mi amigo Ramiro Paredes fue conminado en la Penitenciaria de Alta Seguridad de Rivera por varios años, a pesar de que explicó en todos los términos que era inocente, que sus subalternos habían abusado de su buena fe; el juez del caso no quiso creerle y lo sentencio a pagar una pena de arresto de varios años y un monto pecuniario de varios millones. Apenas por estos días, La Corte, lo declaró inocente. Los perjuicios fueron grandes, perdió un tiempo importante de estar con su familia, de compartir con sus amigos si le quedan, de realizar sus proyectos después de dejar el cargo. Sin duda será indemnizado, pero el dinero que le paguen no le dará para recuperar su honra, los amigos que se distanciaron por desconfianza, lo que hubiera podido realizar junto a sus hijos y su mujer.
Arturo Giraldo murió sin saberse culpable de la acusación que pesó sobre él cuando se desempeñó como alcalde de Pitalito. Muchos, sin duda pensaron, cuando lo declararon enfermo, que lo hacía para evadir la justicia. Los lagrimones vistos durante sus honras fúnebres, muchas serían sinceras; otras, más bien, resultado de la hipocresía, porque los amigos son para servirse de ellos, para aprovecharse del momento. De mi parte pienso que los amigos son los amigos con sus cualidades y defectos, con sus equivocaciones y sus desaciertos. El monto por el que se le acusaba era inimaginable, lo que al parecer agravó su situación de salud, causa que lo llevó a la muerte.
Cito solo dos casos. He visto Alcaldes asediados por muchachitas que buscan cualquier interés, desde que les paguen una carrera, hasta las que quieren hacer parte del gabinete. El Alcalde, creído de su poder, cae en las telarañas tendidas por su prestigio y se deja seducir. Consiguen amantes, damas de compañía, acólitos gratuitos que buscan su propio interés. Y cuando se dan cuenta, han destruido un hogar que tanto les ha costado construir, se separan de la esposa que sufrió los embates del anonimato en ruta al prestigio y que puede seguir a su lado a la hora del desprestigio. La bonita chica que le juraba amor eterno mientras tenía acceso a los talonarios de chequeras oficiales lo abandona, apenas ve que el poder es efímero y que el prestigio se esfuma. Por eso, si alguien me pide que dé mi opinión sobre su aspiración de ser Alcalde, mi conseja es: ¡No se meta en esa pendejada! ¡Es mejor vivir honradamente!
