La cultura según algunos candidatos
Camilo Francisco Salas Ortiz
“La cultura en cualquier sector, aun cuando quisiera aislarse, está sujeta a la endósmosis y por otra ley física, corre desde la altura a la profundidad”.
Es decir, la cultura es el núcleo, epicentro o eje, de donde se desprende la educación, los deportes, la recreación y el turismo.
A un candidato a la Gobernación, se le preguntó qué era cultura. “Es la creación humana, o sea desde sembrar arroz, pasando por la fabricación y utilización de la bomba atómica, hasta la formulación metafísica”, respondió. Y un candidato a la Asamblea Departamental dice: “Cultura son las bellas artes y el manejo de los cubiertos en la mesa”. Dos candidatos al Concejo de Neiva, que buscan la reelección, la restringen a la erudición, y no falta un candidato a la Alcaldía de nuestra ciudad capital que respondió: “Cultura es todo”.
En este sentido sería culta la persona que haya leído mucho o que cuente entre sus entretenciones la afición, digamos, por la porcelana etrusca. Esta última desde luego una concepción valida pero fatal para la misma cultura, que así se ha visto confinada al ejercicio, no profesional desde luego, del adorno, del hobby como se dice, o lo que es peor, del donaire. Porque hay quien cree culto al financista que hace versos entre dos transacciones; a la señora que gorjea en los tés; o al acuarelista ocasional de la pesadumbre andina. Lo que origina esta confusión llega a ser divertido. En los medios, por ejemplo, cultura es la reseña artística en una ciudad. Para otros es sobre todo lo que el arte le ha logrado conquistar al comercio o al éxito. Por eso se confunde el talento con el precio.
Porque en efecto aquí nadie considera todavía que al novelista, ensayista y poeta hay que pagarle lo mismo que al odontólogo, al médico, al ingeniero o al plomero, es decir faraónicamente.
Pero incluso, la confusión es cultura. Porque una dedicación culta y necesaria en cualquier cultura, es la reflexión sobre aquella. Es decir, esa que le fija a la sociedad prioridades y criterios sobre comportamientos indispensables para su supervivencia y bienestar integral. Y entonces ahí si se está en un plano decisivo.
Cuando los candidatos en su gran mayoría, a las Gobernaciones, a las Asambleas Departamentales, a los Concejos Municipales y a las Alcaldías Populares no conocen sus prioridades están al garete y a la merced de la piratería. Como en la fábula, le falta lo más importante: cerebro. Y de eso no venden. Tal vez estemos en una civilización que ha privilegiado el desarrollo material sobre lo humanístico, inculta por tanto y librada al más fuerte. Por eso los problemas se cuantifican y no se cualifican.
Como conclusión tenemos: Las Administraciones Departamentales y Municipales y sus Corporaciones Públicas deben ser conducidas por humanistas de solvencia ética y científica que garanticen la vida y la integridad de las personas.
