La cultura de la paz
Ana María Rincón Herrera
En Colombia la paz ha dejado de ser un anhelo para convertirse en el único camino. Debemos comenzar a transitar por ese camino que nos llevará Dios mediante a una sociedad más justa y más igualitaria que necesita día a día el pueblo colombiano, donde el Estado haga más presencia institucional y social en cada centímetro del territorio.
Tenemos claro que en medio de ese camino, hay muchos obstáculos y hay grandes problemas por resolver. Pero más que nada existe la decisión de una sociedad de solucionarlos porque el fin que aspiramos lo amerita; la paz es y así lo ha dicho la historia a través de los siglos. La paz es el bien supremo de toda sociedad, de toda nación, de todo un pueblo que lo anhela.
Si queremos una paz verdadera debemos conciliar hechos que a primera vista parecen inadecuados: la realización de la justicia y el respeto de todos los derechos de las víctimas de la guerra por un lado, y el fin de una violencia de varias décadas.
A veces uno dice: ‘conciliar es imposible’. No, es posible a través de mecanismos.
Hay que buscar y de esto se trata la justicia transicional, es una estrategia integral que nos permitirá al mismo tiempo la máxima satisfacción posible de los derechos de todas las víctimas del conflicto y el logro de una paz estable y duradera.
La paz depende de que todos los colombianos estemos dispuestos a ceder. Pretender querer lo contrario, imponer la paz por la fuerza y unilateralmente, es resignarnos a más décadas de violencia, de dolor, de sangre, odio, entre muchos otros; es resignarnos a tener más víctimas, muertes, pobreza y muchos años más atraso.
La paz, no hay que olvidarlo, es una situación en la que todos ganamos porque el mayor beneficio para una sociedad es recuperar la tranquilidad y la normalidad para poder, ojalá unidos, avanzar hacia el progreso que todos queremos día a día.
El nuestro es un proceso centrado solo en las víctimas cuyos derechos son ahora mismo el tema de la agenda que se discute en La Habana, porque solo reparándolas, reconociéndolas, conociendo la verdad, podremos sanarnos como sociedad y seguir adelante y construir así la cultura de paz tan anhelada que deseamos.
Los huilenses queremos paz, los colombianos queremos la paz, todos soñamos con un país y mundo en paz…
