La Cultura Ciudadana y La Justicia
He llegado a la conclusión, de Perogrullo por supuesto, de que los dos mayores problemas que tenemos como Nación son nuestra cultura ciudadana y la justicia. Acá da lo mismo todo y se premia al vivo y la malicia indígena.
Pendejo quien hace fila y pendejo quien cumple con las normas de tránsito. No falta quien se pase un cruce en la vía y de reversa en contravía. No importa. ¿Sacar a los perros bravos con bozal? ¿Para qué? No respetamos las más mínimas normas de convivencia. Y la escusa es que no lo hacemos porque los demás no lo hacen, pero en realidad pienso que a muchos les importan un pito el prójimo y la comunidad. A partir de esas mínimas normas de convivencia, sin embargo, es donde se soporta y edifica todo lo demás. Si no respetamos las bases fundamentales sobre las que se sustentan otras normas de mayor jerarquía, el respeto y cumplimiento de la ley pierde soporte colectivo. Romper los vidrios de Transmilenio, robarse algo en el supermercado, etc., etc., que importa. Y además: ¿Qué van a importar semejantes nimiedades cuando en Colombia existen conductas delictivas graves que no se castigan? Llegamos entonces al absurdo como sociedad de que el terrorismo y los crímenes de lesa humanidad se perdonan o se les reducen las penas en desarrollo de la justicia transicional y en harás de una supuesta paz y reconciliación. El mensaje para todos en la comunidad es claro: “Delincan que acá no pasa nada”. Es decir que si delinquen no hay cárcel, no hay castigo y pueden seguir haciéndolo impunemente. Creo, por lo tanto, que debemos trabajar como Nación en educar a nuestros hijos, no solo en conocimientos, sino también para ser buenos ciudadanos. Que aprendan cuales son sus derechos y obligaciones como ciudadanos y entiendan la importancia para el tejido social de cumplir con la ley y las normas básicas de convivencia ciudadana. Es la mejor forma de que a largo plazo seamos viables como Nación. En el corto plazo, sin embargo, necesitamos cambiar nuestra justicia. Debemos tener una fiscalía y unos jueces operantes donde se garantice que quien la hace la paga. Debemos tener cárceles de verdad, donde los delincuentes paguen por lo que hicieron, donde sus conciencias sufran y se arrepientan y no donde se vayan de vacaciones. Las penas además deben ser ejemplares, conforme a los tipos de conductas realizadas. Somos más dados a castigar ejemplarmente al conductor borracho que a los terroristas. Creo que en el país se debería dar un debate serio sobre la conveniencia de establecer la pena de muerte vía una reforma constitucional para ciertos delitos atroces y de lesa humanidad. ¿O será que alguien que secuestre, torture, asesine y pique personas no merece la pena de muerte? En fin, todos los delincuentes deben ser capturados y judicializados, sea el que fuere el delito, y merecen, como personas, todas las garantías procesales establecidas en la constitución y la ley. Pero la institucionalidad debe poder usar mecanismos extremos de disuasión de tipo represivo, como la pena de muerte, que hagan a los delincuentes pensarlo dos veces antes de delinquir. No podemos tener más contemplaciones con los delincuentes. La educación ciudadana soluciona nuestro problema de Nación en el mediano y largo plazo. Pero penas disuasivas y ejemplarizantes realmente aplicadas nos enderezan el camino en el corto plazo.
