La crisis sí es moral
Por Aníbal Charry González
En la Caja de Compensación Familiar del Huila ante la opinión pública, que es necesario restablecer contrario a lo que creen sus directivos que salieron a decir frente a los pronunciamientos del Consejo Gremial, que no había ninguna crisis ni institucional ni moral, afirmando en sus comunicados tergiversadamente que no era cierto que existieran problemas de gobernabilidad en la institución, lo cual nunca ha sido afirmado por el ente gremial, que tiene bien claro que la cuestión es de confianza y credibilidad y no de manejo económico y financiero.
Y la crisis de credibilidad no es producto de infundios ni consejas, sino por la potísima razón, respetando desde luego la presunción de inocencia que es un derecho constitucional, de que su renunciado director tiene dos investigaciones penales que llevaron a su privación de la libertad por enriquecimiento ilícito, precedidas de insistentes rumores durante años que eran de dominio público, de efectivo enriquecimiento producto del alarde de riqueza que se hacía de su parte considerado como uno de los hombres más ricos del departamento cuando era un simple asalariado.
Y esa es la verdad monda y lironda que no se puede desconocer interpretando el sentir regional, que justificada o injustificadamente salpica la imagen institucional de la Caja, porque nadie cree en ella gústenle o no a los miembros del Consejo Directivo y a sus empleados, no obstante su buen comportamiento económico y financiero que hay que reconocer, por aquello de que por las investigaciones que tiene su exdirector que manejó con control totalitario la entidad durante 20 años, sus directivos resultan afectados y desde luego el buen nombre de la entidad, por lo que expresé con franqueza en la reunión conjunta con el Consejo Gremial parodiando a un magistrado del Tribunal de Justicia y Paz, de que uno no puede estar metido en la misma piscina y no mojarse, sobre todo en el caso de la Caja con tanto tiempo de la mano férrea de su controlador absoluto y director.
Por eso la cuestión es moral, que por supuesto es lo de menos en un país donde ya nadie cree en las instituciones ni públicas ni privadas, y donde desgraciadamente enriquecerse ilícitamente es una virtud y se le rinde culto por parte de la sociedad a esta torcida audacia, que hoy tiene en crisis a la única institución administradora de justicia en la cual creía el pueblo colombiano como la Corte Constitucional, por cuenta de las andanzas de uno de sus magistrados que amparándose en la presunción de inocencia se mantuvo orondo en el cargo arrasando con la buena imagen de la Corte; y por eso solicitaba al Consejo Directivo una reflexión que hiciera posible la convocatoria a una Asamblea General para una auténtica democratización y reforma estatutaria, cuando se sabía que la elección y reelección de sus miembros era del completo dominio de su exdirector, para permitir el restablecimiento de la deteriorada imagen de una institución tan cara a los afectos de los huilenses, aceptando sin esguinces que la crisis sí es moral y de credibilidad.
