viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-04-02 08:11

La crisis de liderazgo

Las elecciones recientes, donde se eligieron Senadores y Representantes para conformar el Congreso de la República, la más alta instancia del poder legislativo del Estado, han puesto de manifiesto la aguda crisis de representatividad y legitimidad en esta rama del poder institucional.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 02 de 2014

El remedo de democracia que tenemos, donde se permite que el pueblo “participe” en la elección de sus representantes en el congreso, no pasa de ser una farsa donde se manipula al elector con el objeto de legalizar el régimen imperante. Es tal el desprestigio y la falta de credibilidad de la mayoría de los elegidos, que sino compraran los votos que los eligen no tendrían la más mínima posibilidad de alcanzar esas dignidades.

El reflejo de esta situación es el altísimo porcentaje de abstención en la jornada electoral: una cifra cercana al 60% del censo electoral, es decir, que 60 de cada 100 ciudadanos no muestran ningún interés en ejercer el derecho de elegir a quién lo represente en el órgano que expide las leyes que, de una u otra manera, va a afectar su vida y la de sus familias. En parte sucede por la falta de educación política, pero en buena medida se da por el hecho de que esos representantes nunca defienden sus intereses. Y eso lo sienten en los problemas que a diario los aquejan: salud, educación, trabajo, tarifas de servicios públicos, costos de medicamentos, insumos industriales y agropecuarios, crédito, etc.

En un mundo interconectado como nunca antes en el pasado, los ciudadanos empiezan a preguntarse el porqué de la baja calidad de quienes, nominalmente, ejercen las funciones de liderazgo político en la sociedad. Fuera de gestionar puestos para los grupúsculos de amigotes y familiares, o los contratos para los carteles de la contratación que les rodean y financian, o de tramitar los privilegios para los grupos económicos de poder, las necesidades de las mayorías brillan por su ausencia.

Pedir entonces, que el pueblo apoye las aspiraciones de quienes quieren ser elegidos por sus propios méritos, es privilegio de unos pocos: tal vez, sin lugar a equívocos, el senador Jorge Enrique Robledo es el campeón en este estilo de liderazgo honesto, de grandes capacidades y firme compromiso con quienes lo eligen para que los represente; para que defienda, frente a las políticas oficiales, los derechos de los desprotegidos y abandonados por el régimen.

La política que debemos promover y construir es la de partidos y movimientos consistentes, cuyos integrantes tengan raíces fuertes con los sectores sociales de la nación que dicen representar. En un mundo como el de hoy, donde las normas de la globalización del capitalismo de libre mercado, arrasa con los derechos económicos, sociales, políticos, culturales, ambientales de naciones enteras, la defensa de la soberanía nacional, es la “piedra de toque” para diferenciar a quienes trabajan por los intereses del capital y el trabajo nacionales, de quienes promueven y están al servicio de intereses extraños a su propio país nacional. Solo así, los políticos podrán recuperar la credibilidad perdida y ejercer el liderazgo de respetabilidad y reconocimiento en la sociedad.