La crisis de la Ética en Colombia
Pedro Arias
Son muchos y muy variados los indicios que señalan a Colombia como un país que está viviendo una profunda crisis ética, en todos los niveles de la sociedad, resultando poco fácil el vaticinio sobre la evolución o el rumbo que va a seguir nuestra nación si no reconstruye, orienta y cultiva sus valores éticos.
Para muchos colombianos que comparten esta reflexión sobre la crisis de nuestra sociedad, es claro que para encontrar una salida que posibilite una convivencia sana y edificante, dentro del marco de la dignidad humana, se requiere volver a construir nuestros cimientos sociales.
Para ello es necesario reorientar y reconstruir nuestros conceptos y las conductas que orientan las formas de pensar y de actuar más íntimas de las personas: sus imaginarios, sus creencias, sus principios y sus formas de encarar la convivencia social. Especialmente nuestros líderes, sean políticos o religiosos, deberían dar buen ejemplo porque son responsables, frente a la comunidad, por su comportamiento público y privado.
Es indudable que el fenómeno del rebusque del dinero fácil y del flagelo de la producción y distribución de drogas ilícitas con todos sus delitos correlacionados, han jugado un papel determinante en la estimación de la importancia relativa de unos valores sobre otros, al punto de que la ley del menor esfuerzo y la de que "el fin justifica los medios" han permeado la conciencia y el espíritu de gran parte de los colombianos.
Tenemos la tendencia de asumir, en nuestra vida cotidiana, diferentes posturas que van de acuerdo al ambiente en donde nos encontramos. Muchas personas asumen un comportamiento ético en el hogar, otro en el trabajo y otro en la calle. Dentro del ambiente familiar se identifican con los conceptos de justicia y de honestidad, pero en la calle hacen gala de la "viveza criolla". En la vida profesional, rápidamente se aceptan acuerdos no muy santos para conseguir contratos o para obtener ganancias extras, porque aquí “el que parpadea pierde…” y si yo no lo hago, otro lo hará, así después se nos venga el mundo encima. Al final, con plata, todo se puede arreglar. Parecería que esa frase que escuchamos desde niños "vaya a robar al gobierno" es un mandato popular que produce frutos.
Los líderes que han dirigido el destino de nuestra sociedad partieron de la premisa, no del todo cierta, de que el desarrollo económico trae como consecuencia la solución a todos los problemas de la sociedad. Por ese motivo se hace énfasis en la asignación de recursos para la construcción de la infraestructura económica y se ha descuidado significativamente la construcción de la infraestructura social, en educación y salud.
Esta visión ha generado procesos de desigualdad, porque la economía también necesita de trabajadores bien educados en las competencias de cada una de sus labores para que tengan esperanza de ascender en la escala social mientras ascienden en sus trabajos, y bien educados en los valores éticos para mejorar el entramado social.
Son muchos los hechos, sucesos y realidades los que, día a día, nos permiten vislumbrar el grado de deterioro de nuestra sociedad, es decir, que reflejan la crisis de valores que afecta a nuestras comunidades. Para no ser tan extenso me permito enumerar algunos hechos de diaria ocurrencia:
Crisis Familiar: Violencia intrafamiliar, paternidad irresponsable, deserción escolar, madres cabeza de familia sin apoyo económico, maternidad de niñitas menores de edad, abuso sexual.
Crisis en la educación: fallas protuberantes en la transmisión de valores en los colegios, en las escuelas y en el hogar. Matoneo. Pederastia.
Crisis política: la percepción de que todos los políticos son mentirosos, tramposos o corruptos, en mayor o menor grado, les ha hecho perder credibilidad y liderazgo.
Corrupción:Contratación, permanente asalto a los recursos del Estado, "Hecha la Ley, hecha la trampa."
Situación económica:Desempleo, Miseria, Pobreza, Desplazamiento Forzado.
Narcotráfico: penetración en toda la sociedad, influencia en todos los estamentos sociales, legislativo, justicia, ejecutivo, fuerzas militares, entidades territoriales: departamentos, municipios y en el sector privado.
Paramilitarismo: Alianza con políticos, alianza con narcotráfico, terrorismo, desplazamiento forzado.
Guerrilla: terrorismo, alianza con narcotráfico, desplazamiento forzado.
Drogadicción: Aumento de drogadictos y de fármaco dependientes, destrucción de familias, aumento de habitantes de la calle.
Violencia: No hay respeto por el valor fundamental de la vida ni de los derechos humanos..
Delincuencia común: Carteles, Grupos armados, Secuestro, fleteo, paseo millonario. Estafas y sobornos.
Y mejor aquí paramos. ¿Será que el único anti héroe que nos puede salvar es el Chapulín Colorado?
