La creatividad para el mal
Lamentablemente, me avergüenza decirlo, los colombianos tenemos como un sexto sentido que nos hace superdotados, sí, pero para hacer el mal.
¡Qué creatividad para cometer tantas fechorías! Los colombianos son los únicos que hacen aterrizar aviones en carreteras de segunda categoría. La habilidad para violar la ley de algunos colombianos, es impresionante. Cuando empezaron los teléfonos públicos, por allá por la década de los sesenta en Europa, aparecieron los primeros teléfonos dañados en París por una banda de maleantes. Pues, ¿qué había ocurrido? Encontraron monedas de diez centavos, moneda colombiana, que atascaban los aparatos y los hacían inservibles. Claro, los creativos personajes, querían llamar “gratis”. Bueno, algunas veces les funcionó. ¡Ah viveza criolla! ¿Quién nos cambiará? Lo grave es que en el colectivo social se admira esa tan mal calificada “viveza”. Desde niños se nos va enseñando que el vivo vive del bobo. Además en los círculos sociales se alaba la audacia del que paga una matrícula del agua, teniendo dos o tres acometidas. Se admira que usted pudo tomar la señal de la televisión, “aprovechando” el mismo servicio del vecino, sólo que él paga y usted es “vivo”. Qué hazaña, ¿verdad? Con un pueblo de pillos, jamás tendremos un país en paz. Si se empleara esa inteligencia para hacer el bien, esto sería un paraíso.
Para continuar con el mismo discurso, les traigo a colación la siguiente historieta. El Alcalde de Nueva York abrió una licitación pública para pintar la fachada del Ayuntamiento y aparecieron tres ofertas: un chino, un norteamericano y un colombiano. La oferta del chino asciende a tres millones, la del norteamericano a seis millones y la del colombiano a nueve millones. Ante tales diferencias, decide entrevistarse con cada uno de ellos, para que justifiquen sus estimados costos. El chino dice que él utiliza pintura acrílica para exteriores aplicando dos capas, esto cuesta un millón; en andamios y equipos, otro millón; lo restante es por la mano de obra. El norteamericano justifica su estimado de costos diciendo que él es mejor pintor, pues usa pintura de poliuretano con tres capas aplicadas cuyo costo asciende a tres millones; en andamios, equipos y seguros, dos millones; el millón restante es por la mano de obra. El colombiano es el que finalmente “gana” la licitación, ya que el alcalde asegura que es el mejor calificado. Vea usted cómo el colombiano “gana” la licitación: “Mire, Señor Alcalde: tres millones son para usted; los otros tres para mí y los tres restantes se los damos a ese idiota chino para que pinte la fachada”. ¿Sabe usted cómo llamamos eso en Colombia? Viveza. Así, ¿cuándo salimos del subdesarrollo? Aquí se admira el mal. Ser honesto en este país, resulta pertenecer a una raza en vía de extinción. Nos da vergüenza a los honestos, pero es la verdad. En la política se ven tantas farsas. A la paz se le ha metido mucho espectáculo. Como que ya no creemos en nadie. La desconfianza ha invadido la cultura colombiana. Todos vivimos entre rejas, pues el Estado no nos protege. El día que nos defendemos de los bandidos, resultamos en la cárcel. Este mundo triste al que está vestido viste y al desnudo, lo desnudan, como lo decía Calderón de La Barca.
