La corrupción desde lo privado
Por Álvaro Hernando Cardona González
La semana anterior empezamos a reflexionar sobre la corrupción, y lo hicimos empezando por lo que se puede hacer desde el sector público o estatal. Pero seamos francos, todos sabemos por qué en Colombia la corrupción campea sin límite: porque todos la permitimos, porque todos la cohonestamos, porque somos cobardes para denunciarla y porque hemos abandonado a la Justicia.
Como lo propusimos la semana pasada pasemos a la acción. Existen varias cosas que la sociedad puede hacer sin ambivalencias para frenar la corrupción: a) Votar masivamente cada que hay que elegir a funcionarios públicos, hacerlo estudiando sus hojas de vida, trayectorias (qué tal escandalizarnos porque fulano tiene hijos extramatrimoniales y no paga alimentos pero lo hemos elegido) y sinceridad (esos que prometen por ejemplo que nos darán contratos o que no harán nada contra el moto-taxismo, no sirven). b) No votar por los mismos y con las mismas (se va haciendo imperante que las reelecciones para ciertos cargos como congresistas, ediles, concejales y diputados se permitan hasta una vez). c) Insistimos que es muy importante eliminar trámites absurdos. Como dijimos la semana anterior, más trámites, más coimas. Y en el sector privado, quién lo creyera, sí que se crean trámites, para algo más…enriquecerse sin hacer nada. d) Más allá de la cárcel, debe imponerse como penas accesorias ineludibles que el patrimonio familiar –cónyuge e hijos- cubra los perjuicios probados y que haya inhabilidad de por vida de contratar con el Estado u ocupar cargos de elección o denominación. e) Ante juicios penales sólo debe atenuar la pena la delación probada o sustentada (nunca la confesión), el pago absoluto de los perjuicios y la indemnización absoluta del daño. Atenuar pero no perdonar. f) Necesitamos periodistas de verdad. Investigadores de los sucesos sociales y no solo comunicación. Importante para la sociedad su papel imparcial. g) De último pero tal vez más importante, denunciar cada conducta contra la moral y buenas costumbres. Nos volvimos demasiado laxos con lo que sucede.
El empoderamiento ciudadano, el rescate de las buenas costumbres y moral que nunca estarán desuetos como a veces nos hacen parecer ver, y sobre todo el rechazo sin ambages de todo lo que así solo “parezca” mal es lo que nos reencausará por los buenos caminos y el bien estar de todos y para todos. Ahora, no hay que perder la fe en las instituciones; hacerlo sería atraer más caos y desesperanza. Colombia debe prevalecer y hacerlo como un auténtico Estado de Derecho. Lo necesitamos.
Sí la corrupción puede acabar y debe ser un compromiso de todos, absolutamente de todos.
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