La constituyente de la Habana
Libardo Montealegre Murcia
Atalaya
En los próximos días se firmará el Acuerdo Final entre el Gobierno y las Farc que pasará a ser la nueva Constitución de Colombia.
Sera el triunfo de las Farc sobre una sociedad inerme que en unos pocos años vio como un gobierno desconectado de la realidad del país, le entrega toda la superestructura jurídica llamada estado a un grupo bandolero y narcotraficante, a cambio de nada.
Es sorprendente como se ha tejido la filigrana de esa entrega a las Farc por parte del Gobierno, que ha cooptado a través del presupuesto de la nación, al Congreso, el aparato Judicial, Cortes y Fiscalía, los grandes medios de comunicación, vastos sectores de la iglesia, el sistema financiero, con el regocijo del mamerterio local, que sin ganar una elección ve como llegan al poder gracias a la gestión de este Gobierno.
Escuchando la argumentación del Presidente ante la Corte Constitucional a favor del quiebre de la Constitución , la de sus Ministros, la de los Comisionados de la Habana, se queda uno atónito frente a la instrumentalización retórica que vuelve legal lo que a todas luces es ilegal , con una orden subliminal a la Corte de cómo debe aprobar la realización de un plebiscito para validar lo que no se ha firmado , con un ridículo umbral que permita su aprobación , para luego decir que el pueblo lo validó. Pero más atónito se queda uno frente a la posición de un Congreso, comprado con la fuerza del presupuesto nacional, que, a la mejor manera de la Asamblea Nacional de Venezuela en tiempos de Chaves, aprueba “sin cambiar una coma” lo que le presente el gobierno, incluyendo una “Ley Habilitante”, payasada de dictadura tropical, que en el futuro costara sudor y lágrimas no solo a los congresistas sino a todo el pueblo colombiano. ¿Cómo es posible que el Congreso elimine de un pupitrazo su obligación de estudiar y crear leyes que sean parte del contrato social de todos los colombianos y que se dedique a estudiar y aprobar leyes que beneficien solamente a las Farc bandidos y narcotraficantes?
Los colombianos de a pie, vemos con estupor lo que esta pasando, no entendemos tanta liviandad en el análisis de lo que está ocurriendo. Tanta desinformación. Tanta entrega de la dignidad del país ante una guerrilla que sí ha entendido su momento histórico y ya está cogobernando desde La Habana. A cada declaración del Presidente, los constituyentes de la Habana le responden que no están de acuerdo y que las cosa deben hacerse a su manera. Y se están haciendo a su manera.
La consabida muletilla de la verdad, reparación y no repetición. Es un chiste. Las Farc no han dicho ninguna verdad frente al país para creerles nada de su supuesto propósito de paz. La paz que parecen buscar es la paz de los sepulcros, con las retaliaciones que seguramente establecerán a la sociedad que los persiguió una vez afincados en el poder. Las Farc han notificado que no habrá reparación por parte de ellos. Son pobres de solemnidad. No tienen un peso del narcotráfico, del secuestro y la extorsión. Que nos toca al resto de colombianos pagar su reinserción y los costos de atraso, ese si real, de vastas zonas del país abandonada por el estado y que fueron llenadas por este grupo de bandidos. Las Farc no hablan de no repetición. Eses es un tema gaseoso y seguramente no habrá el compromiso de entrega real de las armas. La no repetición con estos bandidos es otro chiste.
En el tema judicial, sorprende que las altas Cortes, con su carga de desprestigio, no digan nada sobre cómo “la tal” Justicia Transicional las está dejando como Cortes de segunda frente al Tribunal que están montando con ese esperpento de la Justicia Transicional. Nunca se ha visto en el mundo que el hampón imponga la forma como quiere que se le haga justicia. Si no se está modificando la constitución con este cambio en la gestión judicial. ¿Qué será lo que los colombianos debemos entender como modificación a la constitución?
La paz es un bien público. Lo he escrito muchas veces en esta columna. La paz no es de nadie en particular, la paz no son los acuerdos que decreten los constituyentes ilegítimos de La Habana, y quienes criticamos lo que se conoce de esos acuerdos, no vamos a aceptar que seamos convertidos en enemigos de la paz. Nadie quiere la guerra. todos queremos la paz. Pero para conseguir los acuerdos de La Habana no pueden pasar por encima de la dignidad de los colombianos que rechazamos enérgicamente que ese grupo terrorista denominado Farc, impongan su agenda política sin que paguen cárcel, reparen con su riqueza a la sociedad y se comprometan a no volver al bandidaje al que sometieron al país.
Una Constituyente elegida por el pueblo es la solución. ¿Cuál es el miedo que la sociedad como un todo se manifieste en las urnas? Con una Constituyente elegida por el pueblo, allí tendríamos cabida todos, incluso estos bandidos, para delinear un nuevo país equitativo, incluyente y ahí si en paz.
