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Opinión/ Creado el: 2015-06-28 01:16

La columna de toño: San Pedro y San Pablo

Por el P. Toño Parra Segura

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 28 de 2015

Estos dos personajes discípulos de Cristo, fundamentos de la Iglesia, murieron martirizados entre los años 64 – 67 bajo la persecución de Nerón en la Ciudad de Roma.

Su conmemoración litúrgica se celebra para Colombia en el día de mañana, y aunque ya no es fiesta de guarda para los católicos, vale la pena que pensemos en ellos porque ambos son testigos de Cristo después de un proceso de conversión. Pedro, al lado de un Jesús histórico a quien comprendió en su totalidad solo con la experiencia de la resurrección, y Pablo quien a pesar de no haber conocido a Cristo históricamente, se convirtió de una manera brusca y fascinante en el apóstol de los gentiles.

Estos personajes tan importantes y definitivos en nuestra Iglesia local quedan opacados en nuestro folclor tradicional por la “Madremonte” con su grito desolador, por la “Llorona” asustadora de pueblos, por el “Tunjo de Oro” en las calles solariegas, el “Pollo Malo” o el “Mohán”.

Y los más religiosos se inventan santos raros como “San Churumbelito” o preparan su guayabo con los vivas a San Pedro y a San Juan, como si ellos fueran los borrachitos de la compañía de Jesús.

Pedro en cambio, el pescador de Galilea, espontáneo y franco, con su temperamento primario, que corta orejas, se tira al mar desafiando las olas cuando ve a Jesús resucitado, es el encargado de las llaves del  Reino, y esto no es un simple gesto de cortesía de Jesús sino todo un poder dado por Dios a un hombre.

Este hombre fue pecador como todos los discípulos, lleno de defectos e inseguro, que inclusive le tiende a Jesús la tentación de no ir a Jerusalén para esquivar la pasión; una vez convertido llora amargamente su negación que lo marcó en el corazón y acepta su martirio, haciendo una sola petición de no ser crucificado como su Maestro sino con la cabeza para abajo. Hasta allá se debe llegar cuando se deja todo con el compromiso de seguir a Jesús y de aceptar su Cruz.

Pablo, fariseo de tiempo completo, perseguidor cuando se llamaba Saulo, que gozaba de adolescente viendo el martirio de los cristianos y cuidó la ropa de San Esteban mientras lo apedreaban.

Fogoso como el corcel que lo tumbó en plena vía de persecución, cuenta casi siempre en sus cartas la elección gratuita que hace Jesús ya resucitado de su persona; la luz de Damasco que lo dejó ciego durante varios días no se volvió a apagar nunca y lo guió a través de toda clase de peligros y de amenazas de muerte. Sus frases son vivencias y no palabras bonitas y adornadas para convencer a los demás. André Maurois decía en un “Arte de Vivir”, “El hombre que piensa con palabras no mueve más que sonidos o signos”, esto hará su acción singularmente fácil pero no convincente”.

Pablo convence porque son experiencias de un convertido y sabemos que las huellas de un convertido llevan pronto a buscar el camino de Jesús.

No se sabe cuál de los dos personajes es más atrayente en el campo de la evangelización, porque ésta nos exige a todos tener experiencias de Jesús y que éstas las vean los otros en nuestro cambio de vida. Cuando ya pasen los 15 días de folclor huilense, qué bueno sería volver a las figuras milenarias de San Pedro y de San Pablo para que sintamos la seguridad y la firmeza en nuestras decisiones. “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”, le dice Pedro a Jesús. Y Pablo: “El Señor me dio fuerzas y me asistió: a Él la Gloria por toda la eternidad”.

padremanuelantonio@hotmail.com