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Opinión/ Creado el: 2015-05-10 06:41

La columna de Toño: El amor procede de Dios

Por el P. Toño Parra Segura

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 10 de 2015

Hemos estado manejando durante estos domingos de Pascua el lenguaje de San Juan que es de intimidad, de unidad y de amor. En todos sus escritos la palabra “amor” en el discípulo amado es casi una obsesión que lo alimentó hasta el final de sus días en la isla de Patmos.

En 8 versículos del Evangelio de este Sexto Domingo de Pascua repite doce veces la misma palabra o los derivados del amor, y en su primera carta nos explica que Dios nos amó primero hasta enviarnos a su Hijo Jesús para que muriera por nuestros pecados.

En medio de un lenguaje vulgar y ordinario la palabra que más hemos maltratado y desfigurado es la palabra “amor”. En las canciones, en los poemas, en la pintura y en el arte sirve para todo; para escuchar una serenata desde un balcón o para arrojarse desde el mismo por despecho. Cuantas fiestas con el pretexto del amor   terminan con tragedias de celos y de suicidios. San Juan quiere ayudarnos a rescatar el valor cristiano y salvador de esta palabra cuyo máximo sentido lo da el mismo apóstol: “Dios es amor”.

Hay un proceso lógico en la pedagogía que utiliza Jesús para enseñar esta verdad.

Comienza por decirnos que la medida del amor que El nos tiene es infinita, porque es igual a la de su Padre. La máxima alegría del ser como tal está cifrada en esa verdad: somos hijos de un Padre que nos ama, así como somos, sin distinción o acepción de personas, sin condiciones, sin interés, sin esperar sino la misma respuesta, porque “amor con amor se paga”.

“La vida comienza con el amor”, dice Boyd Barret, y esto que parece un aviso publicitario es apenas un dato de revelación inspirado en San Juan: “Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos”. (1Jn. 3, 14).

Después el mismo Jesús en el momento más familiar de la última cena impone el amor como su mandamiento principal y da la medida: “ámense los unos a los otros como Yo los he amado”. Tenemos que amarnos como Cristo nos ama, y a Él lo ama el Padre, luego parece casi una blasfemia que tengamos que amarnos como ama Dios.

Pero la base elemental es más simple y a la vez más complicada, en la respuesta que da el doctor de la Ley: “El segundo es semejante al primero”: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, en esos dos mandamientos está toda la ley y los profetas.

Esta es la parte horizontal del amor, el camino para llegar al amor de Dios.

Dios no ha distribuido celulares especiales para que alguien por santo que sea tenga  una comunicación directa con Él, nos dejó el prójimo para que amemos al que anda con nosotros, al que está tirado y herido en el camino, no importa que no “sea de los nuestros”.

El mejor título que les da Jesús a sus discípulos es de “amigos”, porque compartió con ellos todas las experiencias apostólicas, unas dolorosas y otras llenas de milagros como aquella que nos narra el libro de los Hechos cuando dice que hasta la sombra de Pedro curaba a los enfermos.

Cómo nos hace falta a todos los cristianos este sentido profundo del amor que experimentaban y distinguían a los primeros cristianos: “Mirad como se aman” era el slogan de identificación. A años luz de esa experiencia hoy no se podría decir lo mismo, sino: “miren como se odian, se envidian, hablan mal unos de otros, se tratan como esclavos y siervos”. Jesús no quiere esclavos de ninguna naturaleza en su Iglesia, ni que esclavicemos a nadie. El quiere que seamos sus testigos, especialmente en el amor que nos tengamos unos a otros.

padremanuelantonio@hotmail.com