La columna de Toño: ¡Vengan y síganme!
Por el P. Toño Parra Segura
Jesucristo es la única buena noticia de salvación. Duró hasta los 30 años preparándose en un taller y en tres años formó un equipo de seguidores que iba escogiendo al paso de su andar misionero.
No escogió a los mejores, ni los más doctos, ni los más influyentes de su tiempo; eligió a los trabajadores humildes, trasnochadores de la pesca o recaudadores de impuestos de mala fama, algunos revoltosos y hasta el ladrón que lo vendió muy barato.
Tuvo una cualidad y fue la de no encerrarse ni en su territorio, ni en normas heredadas; rompió barreras, tumbó muros que separaban a los dos pueblos y logró la aceptación más de los gentiles que de su propio pueblo.
Predicó un reino de conversión, no de privilegios ni de promesas vanas, sino una Cruz que Él mismo llevaría, marcando así el ejemplo de entrega y de servicio. Cuando invita a seguirlo no tiene casa, ni comodidades; dentro del mismo quehacer humano como el de la pesca, los invita a seguir pescando pero personas para su Reino. Es exigente y ellos lo saben, por eso al seguirlo lo dejan todo, las redes de su trabajo y hasta el mismo padre terreno como hicieron Santiago y Juan con su anciano padre Zebedeo.
Logró mantenerlos unidos, cosa difícil en toda empresa humana y en la última de sus oraciones pide al Padre que los conserve “Uno” como Él y su Padre lo eran.
Les recuerda que el tiempo es corto, que el mundo se termina y que por lo tanto no deben tener apegos ni a la familia, ni a los goces, ni a los negocios, ni a los sufrimientos para estar siempre dispuestos a seguir al Señor (1 Cor. 7, 29 – 31).
Hoy de nuevo Jesús a través de su Iglesia sigue llamando a la vocación misionera, sea laica o sacerdotal, pero las condiciones son las mismas.
El dinamismo de la persona de Cristo y la fuerza de su palabra pueden verse condicionados cuando nosotros los nuevos discípulos le hacemos sombra a la luz y a la inversa de Juan pretendemos ser mejores de lo que anunciamos.
Hoy la pesca pudiera ser más abundante, porque el hombre siente el vacío de Dios, se aburrió de tanta palabrería humana y necesita una guía que le dé seguridad y optimismo.
No hay que temer ni a las sectas formadas generalmente por desertores de la Iglesia, ni a la persecución de quienes se sienten incómodos con la moral, hay que temer a los cristianos tímidos que no se atreven a decir la verdad y confesarla al estilo del Maestro Jesús.
“Vengan conmigo” es una frase todavía vigente en la Iglesia y necesaria para continuar la recia tarea del Reino del Padre anunciado por Jesús.
