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Opinión/ Creado el: 2014-05-12 10:16

La cochinada nacional

Tras semanas de una contienda electoral de bostezo, escasa de ideas y pobre en conceptos, el vacío de propuestas lo vino a llenar la porquería.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 12 de 2014

Las dos principales campañas, la reeleccionista de Juan Manuel Santos, y la de su principal competidor, el exministro Óscar Iván Zuluaga, se han lanzado al lodazal como las competidoras en biquini de esa horrenda lucha libre femenina que tiene lugar entre el barro.

Primero salieron a flote acusaciones sobre el pasado de Zuluaga y del principal asesor de la campaña santista, J. J. Rendón. En ambos casos se trata de señalamientos serios: ahí no hay guerra sucia. En cuanto a Rendón, la revelación de sus nexos con un grupo mafioso para, a cambio de 12 millones de dólares –según lo dijo uno de los narcotraficantes involucrados–, llevar un mensaje al Gobierno de supuesto sometimiento a la justicia, obligó a Santos a aceptarle la renuncia. El jueves, el expresidente Álvaro Uribe agregó sal en esa herida, al asegurar que, para esa época, Rendón tapó un hueco de 2 millones de dólares que quedó en la campaña de Santos del 2010. ¿Con esa plata? 

Y en el caso de Zuluaga, la sindicación de que al llegar al Ministerio de Hacienda, en el 2007, le pidió la renuncia al entonces superintendente financiero, Augusto Acosta, por presiones en torno a Interbolsa, lo obligaron a dar explicaciones que lo pusieron a la defensiva. Lo suyo era, hasta ahí, menos delicado que lo de Rendón. Sin embargo, el resultado es que ambos señalamientos ahogaron los limitados esfuerzos que las campañas venían haciendo por elevar el nivel del debate programático. Pero –ya lo advierte una de las leyes de Murphy– como la cosa podía empeorar, empeoró.

El martes en la mañana, el CTI de la Fiscalía allanó las oficinas de un oscuro personaje, Andrés Sepúlveda, quien, según la acusación, se dedicaba a labores de guerra sucia informática en contra del proceso de paz y de la campaña santista, todo ello como integrante de la organización de Zuluaga. El ala radical del zuluaguismo –que, como advertí hace ocho días en estas páginas, manda mucho en esa campaña– le hizo este flaco favor al candidato.

Hasta ahí, el caso del hacker parecía un gran punto para Santos y en contra de Zuluaga. Pero, como el oscuro Sepúlveda tuvo nexos en el pasado reciente con Rendón y con el exconsejero de Santos para la política Germán Chica –mencionado también en el feo asunto de los 12 millones de dólares–, ambas campañas terminaron enlodadas.

Mientras las indagaciones aclaran responsabilidades, vale la pena preguntar en qué momento ciertos políticos decidieron que era válido jugar a estos cochinos juegos. La llegada al país de J. J. Rendón marca un antes y un después. Y es una responsabilidad que le cabe a Santos por partida doble: lo trajo para la fundación de ‘la U’ y su campaña del 2010, y lo acababa de volver a traer cuando estalló el escándalo de los 12 millones de dólares. En el 2010, Santos también incorporó a un hindú de Nueva York, Ravi Singh, que decía ser gurú en estos temas. En enero fue arrestado en Estados Unidos por lavado de activos para una campaña en California. El que con niños se acuesta... Y eso vale tanto para Santos como para Zuluaga.

Había antecedentes: a fines de los 90, algunos personajes de la clase dirigente asumieron la práctica de comprar y hasta ordenar grabaciones ilegales. El asunto ha ganado tanto terreno que en Bogotá y otras ciudades salen al aire cintas de charlas privadas, lo mismo en la política y el periodismo que en los negocios. En este mundillo hay quienes se precian de poseer registros de audio y copias de correos electrónicos de fulano, zutano o perencejo, como si se tratara de un divertido pasatiempo y no de un delito de enorme gravedad. Insisto: las élites le están pavimentando el camino a un Chávez colombiano.

Por:Mauricio Vargas