jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-10-30 08:59

La cintura de Delimiro Moreno

El periodista Delimiro Moreno Calderón se recupera de un accidente que le fracturó el fémur. No fue un problema de cadera, como se especuló, porque Moreno no tiene cintura de avispa, desarrollada en otros seres humanos para afinar la gambeta .

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 30 de 2014

Los futbolistas con buena cintura pueden hacer piruetas, engaños y malabarismos en la cancha. Los políticos con cintura femenina son buenos para sacarle el cuerpo a los compromisos.

En el caso de las reinas y ciertas damas, el asunto es de vanidad. Procuran reducirla al máximo para que las protuberancias –inferiores y superiores- realcen la figura, al punto que algunas logran el anhelado cuerpo de guitarra, como dice la canción de Gabino Pampini.  

En el caso de los periodistas, lo ideal es que sean planos, tengan figura de nevera, que carezcan de contoneo, que no sean expertos en posturas acrobáticas ni conviertan el acomodo en su norma de conducta.

Delimiro ha demostrado en el largo ejercicio de su carrera periodística carácter, honestidad, valentía, seriedad y estudio, en tiempos en que tales condiciones ya no pegan, como tampoco pegó la ley 80 de la contratación en la Costa.

Por fortuna llegó este paisa al Huila, importado de Bello, el hijo de don Octavio y doña Mercedes, apasionado por la historia.

Nuestro común amigo Orlando Cadavid Correa me ha recordado que a Delimiro le resultó tocayo hace algún tiempo, tras una ansiosa búsqueda en todos los directorios telefónicos durante más de cinco décadas.

El hallazgo de su homónimo -que con documentos en mano probó llamarse Delimiro Moreno Altamiranda- produjo enorme regocijo entre estos dos hombres que salieron mal librados de las pilas bautismales. El encuentro fue rociado con una alta dosis de whisky de la mejor calidad. Los Delimiros quedaron de repetir celebración.

Si el buen humor es uno de los deberes del hombre, prosigue Cadavid, otro tiene que ser el contar entre los amigos con algunos que hayan sido víctimas de agresión impune, en las propias fuentes bautismales, por infame determinación de padres y abuelos, con la necesaria complicidad del cura y los padrinos del histórico momento que generalmente ocurre en la primera salida de su casa del inocente bebe, cuya protesta tardará hasta cuando tenga uso de razón.

Resulta bien paradójico que la primera y la última salida del hombre, de su vivienda, sean siempre hacia la iglesia, sin darse cuenta porqué lo llevan cargado a su bautizo o a su funeral. Este es el indestructible hilo invisible que va desde la cuna hasta el sepulcro, como escribió el maestro Silvio Villegas, en su “Canción del caminante”.

A favor de los padres de Delimiro cabe resaltar que a otros les ha ido peor, bautizados como Crótatas, Epaminondas, Tertuliano, Niceas, Minervino, Olegario, Custodio, Montegranario, Leovigildo, Cupertino o Gundisalvo.

Cada hombre poseedor de un nombre feo carga, además de una cédula para esconder, su alforja de pequeñas historias sobre los malos ratos que ha tenido por culpa del nombre que le dieron, pero siente un refrescante alivio o se quita un enorme peso de encima cuando descubre que tiene un tocayo en cualquier lugar del mundo.

Diofanor Narváez, un vendedor de enciclopedias, perdonó  al cura que lo bautizó, cuando supo que el religioso que le rompió la crisma se llama Macario Fredesmiro!

Delimiro: cinturas firmes como la suya no permiten oscilaciones, meneos ni zarandeos. Que se recupere del fémur.