La campaña de las mangualas y los adulterios
Por Edgar Artunduaga
Esta campaña política regional es insípida, porque no cuentan las ideas, las puyas son débiles, los candidatos mandan a insultar por las redes sociales pero a ninguno se le ha prendido el bombillo del humor, la ironía y menos el de la brillantez.
Cómo eran de vibrantes los tiempos en que –guasones- Felio Andrade y Plazas Alcid soltaban descargas porque el uno era hijo ilegítimo y el otro hijo de un cura.
O cuando Alberto Galindo, el gran jefe liberal, dijo en voz alta que Plazas podía tener los votos pero no los méritos, en la disputa de la época por la cabeza de lista a la Cámara. Pero se impuso y ganó Plazas.
Diógenes Plata desnudó las andanzas económicas de Julio Bahamón y sus enormes deudas con entidades públicas, e hizo famosa la frase de que cuando inauguraron la Electrificadora del Huila Bahamón ya le había metido varios cheques chimbos.
Qué divertida la política cuando la ejercen personajes rutilantes para el debate. Un solo ejemplo internacional: En el Parlamento Inglés una diputada interrumpió a Churchill –que pronunciaba fogoso discurso- y le dijo: -Si vuestra excelencia fuese mi marido, yo pondría veneno en su café.
“Churchill, con mucha calma, se quitó los lentes, y en aquel silencio en el que todos estaban esperando la respuesta exclamó: - "Y si yo fuese su marido,... me tomaría ese café".
A falta de planteamientos florecen hoy los adulterios como el de Villalba (liberal) con el candidato Chavarro (conservador). Y como el que tiene hambre no necesita que lo llamen, Géchem se acaba de ofrecer (nunca gratis) al siempre tierno abrazo de Gómez Hermida. “El toro había sentido el olor de la vaca, mugía sin parar y ponía los ojos de loco..” (un personaje de Tomás González)
Julio Enrique Ortíz, despechado y desairado por Villalba, oficializa seguramente hoy el concubinato con Carlos Julio González Villa, nada fácil para un hombre de su edad y trayectoria. Orlando Beltrán –mercader de la política- formaliza el negocio con la misma casa de empeño.
Por los lados de la alcaldía de Neiva se enfurecen porque Gorky Muñoz no asistió a un debate. Tampoco lo hizo Virgilio Barco, quien no tenía la facundia de Galán Sarmiento y Gómez Hurtado (pero fue elegido Presidente).
Nohemí Sanín –recuerdo ahora- teniendo el poder de la palabra, se volvió tartamuda cuando le preguntaron sobre la enfermedad holandesa, que no era propiamente una peste bovina sino un fenómeno económico mundial.
Serpa fue capaz de hablar ocho horas continuas en el Congreso en defensa de Samper, pero a la pregunta de si extraditaría a su amigo dijo que sí. De manera inaudita Pastrana dijo que no (siendo su mayor detractor) y la opinión se puso a su favor.
Finalmente, dos uribistas discuten sobre la diferencia entre desgracia y catástrofe:
-Desgracia que Ciceri sea el candidato. –Catástrofe, que se lo siga creyendo.
