La bella y la bestia
Mauricio Bahamón Oliveros
Esta bestia es nada menos que un Defensor del Pueblo. Siendo él quien representa la comunidad, la persona que protege a quienes les ha vulnerado sus derechos.
La semana pasada me referí a la violencia de género y está sin restarle importancia es muy desagradable, abusar del poder, de su posición para mendigar amor a cambio de favores sexuales, es deprimente. El caso del actual Defensor del Pueblo el señor, Jorge Armando Otálora y su secretaria privada la señorita, Astrid Helena Cristancho se repite en muchas esferas, no siendo un caso aislado las mujeres o los hombres están en la obligación de denunciar, pero muchas veces por vergüenza no lo hacen.
Estos actos enfermizos, voyeristas y pornográficos de mostrar su ‘twitter’ u pájaro a su secretaria, amenaza con costumbres conservadoras, es cierto que muy liberal el jurista pero se le fueron las luces.
No es la primera vez, en su prontuario ya hay antecedentes que lo preceden. Y es tan astuto y sagaz que sale a manifestar que fue de una relación sentimental consensuada, y así cambiar el rumbo de la novela.
Para la señorita Cristancho no creo que sea fácil aceptar que se comió ese sapo tan desagradable, quien mantiene su palabra y manifiesta que fue acosada sexual y laboralmente.
Esa sagacidad de jurista, lo lleva cambiar su defensa y sostenerse en que ha sido víctima del amor; bueno muy posible, pero también es posible que suceda que ella cayo en la trama del puesto a cambio de polvo.
Frecuente en muchos medios se estila de ciertos personajes que en lugar de legislar, mantiene sus sesiones en moteles en lugar de la plenaria.
Como el pastorcito mentiroso, ira a quedar este Defensor cuando se aclare este impase que muy seguramente no será una novela rosa y terminará siendo una novela penal y no pene-al.
Esopo no se equivocó en su fábula, los mentirosos caen tarde o temprano esta sí es una sentencia.
Ahora las investigaciones se centraran en verificar si la fotografía donde al parecer este personaje sostiene en su mano su ‘twitter’, pero están equivocados porque hablan de una hamaca y la verdad tienen que hacer es un reconocimiento del aparato del hombre, no de la hamaca.
Lo cierto es que la niña se equivocó de cabo a rabo, o mejor se equivocó con el rabo.
