La batalla de Matamundo
Delimiro Moreno
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Qué bueno que huele a rosas
Decían las rojas ayer.
A mierda les ha de oler
Cuando sepan bien las cosas.
Este simpático rajaleñas se escuchaba hace 116 años en Neiva recitado por los conservadores para referirse a las damas liberales de la ciudad –las “rojas”- entusiasmadas por la presencia del legendario guerrillero Avelino Rojas en las goteras de Neiva, comandando un ejército rebelde liberal durante la guerra de los Mil Días.
Corría el año de 1900 y desde octubre de 1899 el país estaba en guerra desatada por los liberales contra el despótico gobierno conservador en el poder desde 13 años atrás (1886) que les negaba todas las garantías y libertades; no había un solo liberal empleado en gobierno ni siquiera como policía o maestro de escuela; no había ni un solo concejal, diputado o congresista de ese partido; el régimen había cerrado todos los periódicos liberales que así no tenían libertad de opinión ni de expresión; el clero dominaba hasta la vida privada de las gentes (se metía hasta en las relaciones maritales y publicaba en sus púlpitos y sus periódicos listas de las parejas que vivían “enmozadas” sin someterse al matrimonio católico, aunque formaran hogares intachables), en fin, el país estaba convertido en un convento infernal sin la menor libertad. En 1900 los liberales habían dominado los Santanderes, Tolima, la Costa y Panamá, donde sus jefes Benjamín Herrera y Rafael Uribe Uribe eran imbatibles, pero en el resto del país, incluido el actual Huila, el gobierno conservador mantenía su poder, que finalmente impondría al lograr en 1902 el triunfo definitivo sobre los rebeldes liberales, para iniciar una época de 45 años de paz en el país, hasta 1947, cuando se desata la “violencia”, la guerra civil no declarada del gobierno conservador contra el liberalismo mayoritario que amenazaba con volver al poder en las urnas en 1950.
En ese contexto se da la batalla del 15 de marzo de 1900, cuando en las goteras de Neiva, en los llanos de Matamundo, entre Rioloro y la quebrada Arenoso, y en las explanadas de Avichinte y El Chaparro, se enfrentan las fuerzas liberales rebeldes comandadas por el general Avelino Rosas, héroe de la guerra de Cuba, y los ejércitos del gobierno conservador dirigidas por el general Nicolás Perdomo. Rosas venia de los Llanos y el Tolima con los restos de un ejército liberal ampliamente derrotado por el régimen. Con 900 hombres, de ellos solo 680 combatientes efectivos, se tomaron a Neiva, soltaron los presos liberales de la cárcel y se retiraron del centro de la ciudad a la llegada del general Perdomo con sus 3.600 hombres bien armados, que después de cinco horas de combate (de dos de la tarde a siete de la noche) logran vencer al ejército liberal. En la batalla perdieron la vida 300 hombres de ambos bandos y quedaron heridos 350 más. Fueron tomados prisioneros 205 revolucionarios que no logaron huir con sus copartidarios hacia el Caguán.
Así, las “rojas” de Neiva, al caer la noche, supieron con amargura cómo fueron realmente las cosas y dejaron de oler a rosas, hasta 1930, al triunfo electoral de su partido bajo la dirección de Alfonso López Pumarejo y Enrique Olaya Herrera…, pero ese es otro cuento, narrado en otra parte.
