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Opinión/ Creado el: 2017-02-28 09:06

La avalancha de Campoalegre, un campanazo de alerta.

Pedro Arias

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 28 de 2017

Un habitante de Campoalegre sintetizó en una frase lo que, por fortuna no sucedió, porque no hubo víctimas mortales: Las imágenes de la avalancha de Campoalegre son parecidas a las de la tragedia de Armero.”

Según un reporte preliminar de la Oficina de Gestión del Riesgo del Departamento, la avalancha causó el taponamiento de la vía principal que conduce de Neiva al sur del Huila, inundó cultivos, destruyó un sin número de viviendas y las bocatomas de Campoalegre y Rivera desaparecieron por la creciente.

“Especialmente la situación es difícil en el municipio de Campoalegre donde el paso de la avalancha del Río Frío ha inundado cinco barrios; se ha hecho la evacuación de más de dos mil personas…”, reportó la Secretaria de Gobierno, Liliana Vásquez Sandoval.

El departamento del Huila, por su situación geográfica, enfrenta dos grandes amenazas de la naturaleza: la sísmica y la hídrica.

La amenaza sísmica: Como dije en una columna anterior titulada “El macrosismo de Neiva hace 50 años”, el pasado jueves 9 de febrero se cumplieron cinco décadas de ese terremoto que a las 10:24 de la mañana, hora local, estremeció una buena parte de Colombia. Por coincidencia, ese 9 de febrero (1967), también cayó en jueves este año (2017).

El 2017 inició sus actividades el lunes 6 de febrero, con un sismo de 5.7 grados en la escala de Richter que sacudió nuevamente al sufrido municipio de Colombia (Huila). El jueves 9 de febrero, para conmemorar los cincuenta años del macrosismo del 67, se sintieron otros dos movimientos, aunque de menor magnitud, pero que causaron una gran conmoción en varios municipios incluyendo a Neiva y dejaron una gran cantidad de damnificados y estructuras destruidas o con daños considerables.

Los movimientos sísmicos aún no se pueden predecir con precisión. Pero ya existen protocolos muy bien diseñados para que las comunidades estén preparadas ante estos fenómenos naturales. ¿En el Huila estamos preparados para enfrentar los movimientos telúricos? Porque lo que sabemos es que son repetitivos porque la región tiene una alta actividad sísmica debido al sistema de fallas geológicas que van hasta los límites del valle del Alto Magdalena.

Lo grave de este problema es nuestra falta de preparación, de conocimientos, de conciencia pública para reducir los riesgos, y la falta de adecuación de las construcciones para hacerlas sismo-resistentes. Para la muestra el botón del estadio Guillermo Plazas Alcid.

La amenaza hídrica: Las avalanchas producidas en varios ríos y quebradas que afectaron gravemente a cuatro municipios y dejaron una gran cantidad de damnificados y estructuras destruidas o con daños considerables, es otro campanazo de vieja data, con el que titulamos esta columna, y que –parece- no queremos escuchar.

Los expertos han señalado que una buena parte de los problemas ocasionados por la dinámica de las fuentes hídricas, sobre todo las más grandes como es el caso del Río Magdalena, se relacionan con las condiciones de lluvias y el almacenamiento de las aguas en el suelo, que afectan las cuencas de los ríos y quebradas del departamento, en diferentes épocas del año. Eso lo sabemos.

También sabemos que los desastres hídricos que con mayor frecuencia se presentan en el Huila se manifiestan en forma de violentas avalanchas súbitas como las que acaban de arrasar a Campoalegre y Rivera, originadas en los ríos Las Ceibas, Río Frío y Neiva, o de inundaciones que causan el deterioro y la pérdida de grandes zonas agropecuarias, el taponamiento o destrucción de las bocatomas de los acueductos y de las estructuras de las carreteras, y el deterioro de viviendas urbanas y rurales.

Las inundaciones de mayor afectación en el departamento se originan en la región montañosa debido a la naturaleza de las cuencas de los ríos que en invierno -o en este caso atípico de lluvias - aumentan potencialmente su caudal debido a la tala y quema irresponsable de los árboles en las zonas boscosas protectoras de las rondas de los ríos y quebradas.

Y si todo esto lo sabemos, dado que se tienen registradas las áreas en donde las inundaciones y los deslizamientos de tierra han causado estragos en cultivos, potreros, bosques, carreteras e infraestructura, ¿por qué no tenemos una política clara de prevención y preparación para afrontar las amenazas?

Y si lo sabemos ¿por qué tanta laxitud al seguir permitiendo núcleos poblados adyacentes a los ríos y quebradas, en una clara violación de la norma de alejamiento de construcciones a treinta metros de la ronda? Lógicamente se seguirán presentado las afectaciones a esas viviendas y con la consiguiente pérdida de vidas humanas.

Los campanazos -sísmico e hídrico- han sonado con fuerza al iniciarse el año. ¿Será que les hacemos caso, señor Gobernador?