La arrogancia del presidente de Fanalco
Julio Cesar Triana Quintero
Con poses de reyezuelo y ademanes de dictador, vimos esta semana al Presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (FENALCO), Guillermo Botero, quien ejerciendo la más férrea defensa de las grandes superficies y dueños de supermercados, la emprendió contra el Gobierno Nacional y particularmente contra el Ministro de Agricultura.
Y todo por cuenta de unas declaraciones del Jefe de ésta cartera, quien en una entrevista aseguró que existe en Colombia un grave problema en la cadena económica de los productos agrícolas, afirmando que a los campesinos se les paga menos por sus productos que aquello que se les pagaba el año pasado para esta misma fecha, mientras que el consumidor paga el doble a la hora de hacer mercado, ello comparado con lo que pagaban para la misma fecha del año anterior.
No era necesaria la histeria del presidente de FENALCO y mucho menos que revelara su desconocimiento a la grave crisis del sector agrícola. Aunque hay que decirlo, es entendible que el señor Botero no tenga por función el hacerle seguimiento al trato y discriminación -tanto en la compra como en el pago-, del que son víctimas los pequeños campesinos cuando tratan de vender sus productos a los supermercados o grandes superficies.
De acuerdo a una encuesta realizada por DINERO e INVAMER GALLUP, Guillermo Botero está en la posición número 26 dentro de la lista de los 100 hombres más influyentes de Colombia, razón suficiente para entender la vehemencia con que defiende a los pobres y maltrechos dueños de las grandes superficies en Colombia, como los Char de Barranquilla dueños de Olímpica, o los franceses dueños del grupo Éxito, quienes según él, sólo se ganan el 2% en la venta de los productos de primera necesidad. Pobres empresarios, deben estar pasando necesidades y de pronto luego de la alharaca de Botero, decidan ajustar sus precios para no incurrir en pérdidas.
El presidente de Fenalco, que parece más un líder de oposición que gremial, debería abandonar su lujosa oficina en la Capital o sus citas en rimbombantes clubes Bogotanos y visitar el campo colombiano para que entienda que el tema no es solo climático y que gracias a algunos aprovechados o mejor, grandes empresarios, nuestros campesinos trabajan escasamente por el sustento. Debería gritar con igual vehemencia cuanto es su salario, el que percibe gracias al aporte de quienes compran barato para vender caro.
