miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-07-23 07:27

La Argentina

Por Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 23 de 2015

A La Argentina no podían ir los liberales. Decían que los descuartizaban. Por eso mirábamos el pueblo desde San Rafael o desde el llano de Santa Marta. Era un mito heredado de la violencia, atribuido a que por esos lados se refugiaban los pájaros de la violencia del cuarenta y ocho.

Mito, al fin y al cabo, porque me invitó Lucindo Castillo a unas fiestas patronales y me pareció el lugar más agradable de los conocidos. Con mi recién adquirida cédula de ciudadanía y la oportunidad de escoger filiación política, nadie me preguntó cuál era mi simpatía o a qué partido pertenecía. En cambio sí goce de lo lindo, hice amigas y amigos que aún conservo, admiré su cultura engendrada en su pasado, el carácter valiente de sus naturales cuando la conquista y la leyenda formada en torno al mineral que da nombre al lugar ubicado en el piedemonte del Macizo y la Serranía de las Minas.

A propósito, sus gentes todavía piensan que se encuentran ubicados sobre un mar de plata, mineral escondido por los naturales en las profundidades del subsuelo, sentido en la invisible laguna que da origen a varias de sus fuentes. No son pocos los exploradores que se han propuestos encontrar los filones, pero ni con instrumentos alta tecnología lo han logrado, teniendo que conformarse con el nombre de la región y la leyenda.  

Tampoco hay rastro de las construcciones realizadas por orden de Sebastián de Balalcázar, destruidas por los naturales al ver amenazado su territorio. Ellos claman entre el pesebre de la variedad de cultivos con instrumentos líticos, utensilios indígenas, la cerámica, la estatuaria, las piezas de orfebrería, el montículo de Cerro Guacas, las Tumbas de Pozo, el lavapatas tallado en piedra de la quebrada Santa Helena. Claman con lágrimas de fuego que desde la distancia, en las noches; se pueden observar en llamaradas esporádicas las guacas que se levantan en medio de los pequeños valles. Por sus caminos olvidados marchan también los guandos en lamentos eternos, por la desgracia traída a  los aguerridos por los avarientos conquistadores, quienes exterminaron la carne india pero dejaron vagabundos los espíritus para el día de su retorno.

A ellos se han sumado otros muertos del pasado, los de las guerras y las violencias generadas por las ambiciones de héroes postizos, los de los fratricidas de hoy y los del esfuerzo por construir un lugar maravilloso, paisaje para quienes sus hijos guardan en la memoria como un imponderable, para que la sangre fluya, para que las mujeres puedan parir entre el dolor y la alegría que perduran a pesar de las vicisitudes.

Con el mestizaje que da estar ubicado en la esquina sur del Huila; con procedencia sui generis; la raza argentina es dura y maleable, tesoro incubado en el aporte de varias identidades para dar característica y valor, que guardan las callosidades de los campesinos y el honor de las matronas, extendido a la inquietud de los jóvenes por conservar un lugar de atractivo elevado. Volver a la Argentina siempre es reconfortante, aunque se hayan ido los amigos.

(Del libro “Sitios del Huila”)