La amistad
Por Orlando Parga Rivas
A menudo nos preocupamos por gozar de alta popularidad entre quienes nos rodean y preciarnos de tener muchos amigos. Pero se usan tanto y con tan diversos sentidos las palabras amistad y amigo, que a veces las vaciamos de significado. La amistad y los amigos son tesoros que se deben apreciar, cultivar y conservar.
Sin importar si son muchos o pocos, muchas veces nos referimos a alguien como "un amigo", pero con frecuencia no pasa más allá de ser un "conocido". Puede que trabajamos en el mismo sitio, que seamos vecinos, o colegas que nos solemos encontrar en actos sociales. En efecto lo conocemos, hemos compartido reuniones y charlas, a lo mejor, muchas veces pero es un "conocido" porque la amistad y un amigo son otra cosa.
Existe también el "socio", con quien nos unen intereses comunes pero no necesariamente mutuos. Pueden ser intereses económicos porque estamos en el mismo negocio. O el copartidario, a quien nos ligan intereses políticos, porque militamos en el mismo partido. En estos casos nos unen intereses, nos ayudamos porque los dos salimos beneficiados pero hasta el día en que los intereses no sean los mismos, más aún si un día son contrarios. La amistad es otra cosa.
Y más cerca al amigo y la amistad, encontramos a los que nos frecuentamos en los ratos de ocio. Compartimos de vez en cuando; jugamos juntos al fútbol. Nos lo pasamos bien pero terminado el tiempo de ocio no nos une nada más. Y la amistad es otra cosa.
La amistad implica compartir mucho más y ese compartir produce felicidad a los amigos. Ser amigo es saber interpretar, entender silencios, perdonar errores, guardar secretos, prevenir caídas.
La amistad se parece al amor pero es distinta del amor. Es un vínculo o una relación mucho más fuerte y perdurable que el amor entre los integrantes de una misma familia. El amor conyugal o de pareja tiene una dimensión entre los esposos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es muy bueno a los ojos del Creador; también en el amor filial o entre familiares la relación ex de carácter exclusivo, pero en la amistad no, la amistad es abierta.
Entonces ¿qué es la amistad? o ¿qué es lo que une a los amigos y las amigas? No es tan fácil precisarlo. Me aventuraría a señalar que es una afinidad de las mentes. La amistad aparece cuando encontramos a alguien en quien podemos confiar, nos sentimos seguros de su lealtad. Podemos discernir o no los mantos profundos de su personalidad, pero no cabe duda que no nos oculta intencionadamente lo que a él no lo interesa que nosotros conozcamos. El amigo es como mi otro yo, algo parecido a la realización de mi "yo" fuera de mí mismo, en el otro.
La amistad trasciende las ideologías, la política, la religión, el sexo. Entre cristianos y musulmanes o incluso ateos, entre militantes de derechas y de izquierdas, se tejen fuertes lazos de amistad.
Lo maravilloso de la amistad es, precisamente, que dos personas logren abarcar un espacio común de convivencia, en el cual quepan muchos otros también, y donde el resto de rasgos distintivos de la personalidad no establecen barreras. La amistad es la dimensión en que la comunión entre dos seres humanos emerge por la afinidad de sus dos respectivas interioridades: su pensamiento, su escala de valores, su capacidad de comunicarse, su mutua lealtad.
Y cuando en este espacio de la amistad caben gentes muy distintas, muy diferentes de nosotros mismos, por el motivo que fuere, la riqueza humana de este espacio se multiplica.
Por eso el ser humano necesita cultivar la amistad, aunque no exista una receta para fabricar amistades perdurables. Porque, como dijera Jean Baptiste Alphonse Karr, "Los amigos son una familia cuyos integrantes se eligen a voluntad. Ahora bien, "Es importante tener amigos en quien poder confiar. Pero es esencial tener confianza en el Señor, que nunca falla” (Papa Francisco).
