La agresión como argumento
Julio Cesar Triana Quintero
La semana que termina estuvo cargada de noticias, empezando por la detención del hermano del presidente Álvaro Uribe Vélez, que alborotó el cotarro político del país, con el argumento de la Fiscalía de tener un acervo probatorio que implicaría al investigado con delitos vinculados al paramilitarismo.
Es cierto que el actual Gobierno comete errores en algunas de sus actuaciones; en muchos casos así ocurre por la acción u omisión de varios de sus funcionarios que desconocen la realidad del país, pero de ahí a afirmar que el Presidente Santos interfiere en las decisiones judiciales y que busca acabar la oposición a su gobierno metiéndolos a la cárcel, es hilar muy delgado y llevar la confrontación política a un terreno que puede resultar nocivo para la estabilidad de nuestra democracia.
El país está perdiendo el interés en escuchar a la oposición, que debería hablar de economía, del desempleo, de los problemas de educación, de las fallas del sisben, de la seguridad, de la corrupción, en fin, de los problemas que se han convertido en las angustias diarias de los colombianos. Lo ridículo, es que nos están acostumbrando a una oposición llena de acusaciones personales que han logrado polarizar el país.
Sin duda alguna fue un craso error y una metida de patas, la de varios de los Ministros del actual Gobierno, que abandonando sus labores y los ya conocidos problemas que tienen que atender en sus distintas carteras, decidieron hablar de política y lanzar duros ataques a la oposición o mejor, al Uribismo, cayendo en la provocación y contribuyendo de manera equivocada a un debate en donde los argumentos fueron las agresiones.
En este país todos tenemos el deber de acatar las leyes y responder los llamados de las autoridades judiciales, no importa el apellido o el linaje que se tenga; lo importante es que los operadores judiciales en sus decisiones, tengan siempre presentes las garantías procesales y constitucionales que a todos nos asisten.
Flaco ejemplo el que se da a un pueblo, que en su gran mayoría quiere la paz y que ha tenido que presenciar una pobre controversia en la que han primado las ofensas y agravios, en medio de un lenguaje equivocado de la oposición y de algunos miembros del Gobierno que erradamente cayeron en el juego de los ultrajes. ¿Sera que lograremos la paz con las FARC, pero seguiremos presenciando el odio entre nuestros dirigentes?
