Juzgar la historia
Froilán Casas
Una lectura objetiva de los hechos debe estar marcada por la serenidad y el despojo de toda pasión política, étnica, religiosa, ideológica, etc. Ordinariamente las lecturas son sesgadas y están marcadas por mucha pasión. Los archivos vaticanos solo pueden ser leídos después de cien años de haber ocurrido los hechos. Esto evita la pasión y los sesgos en el juicio de los hechos. Leer los hechos en caliente es limitarlos a los afectos o desafectos del momento. El gran filósofo alemán Hans-Georg Gadamer, en su obra VERDAD Y MÉTODO, nos habla del “horizonte hermenéutico”. A grandes rasgos significa, que cada uno lee los hechos en concordancia con la posición en que se encuentra. De ahí que una lectura enmarcada en esa limitación es parcial y, a veces cargada de pasión y odio. Para leer los hechos, debemos despojarnos, dentro de lo posible, de nuestros prejuicios, nuestros preconceptos y, ¿por qué no? de nuestro pasado cargado de pasión y odio.
Otro criterio para lograr una lectura objetiva de los hechos, es ubicarnos en el contexto histórico en que ocurrieron los mismos. Juzgar el pasado con ojos del presente es un juicio parcial y cargado de mucho subjetivismo. Cada quien es hijo de la época y de la cultura circundante. Juzgar la formación que daban nuestros abuelos y condenar sus métodos de formación es bastante subjetivo. No se trata de aprobar los hechos, se trata de comprenderlos y ponerlos en su justo puesto. Afirmar que todo tiempo pasado fue mejor, es una lectura parcial de la historia. Sin el pasado no hay presente y sin el presente no habrá futuro. La generación de ayer hizo lo que tenía que hacer; a nosotros, la generación de hoy, nos toca responder los nuevos retos que se presentan. Los juicios deben estar respaldados por una tabla axiológica que permita el desarrollo de la dignidad humana. La vida sin ética sería una vida marcada por el instinto; es decir, por el sentir de cada momento. Traducido en otras palabras: yo hago lo que me conviene hoy; mañana puedo cambiar. Una conducta marcada por los instintos es tener un “comportamiento” animal.
Un periodista debe ser bastante libre; despojado de todo tipo de prejuicios. Debe describir los hechos sin ideologizarlos. Debe separar sus afectos y desafectos de los acontecimientos para que el lector no sea manejado. Debe evitar, en lo posible, imponerle al lector su manera de pensar. Debe saber callar cuando se trata de la honra y la fama de los demás. Los únicos que en la sociedad en que estamos y con el sistema político que poseemos deben juzgar, son los jueces. El juez debe ser la persona más discreta y no adelantar nada en los juicios. Los fallos deben corresponder al fuero interno y al objetivo cumplimiento de la ley. En el manejo de la historia de Colombia se han mitificado tantos personajes, -yo no sé si serán personajes-. Permítame amigo lector decirle que, casi no encuentro a un héroe que a la par no haya sido villano. Yo no quisiera que presentáramos a la juventud a tantos “prohombres” que en su conducta personal no han sido otra cosa que cultores de su personalidad. ¡Tanta mentira detrás de tanto boato!
