Juzgar con odio
Por Froilán Casas
El odio es de las pasiones más bajas del hombre. Un hombre con odio es capaz de todo y cuando se alimenta este “bajo instinto” se cometen los más graves atropellos a la persona humana. Al país lo veo muy sesgado en sus juicios. El fanatismo político que parece se había superado, aflora en algunos ambientes, sobre todo a nivel nacional. Por fortuna en el Huila, nuestro querido departamento, veo menos actitudes viscerales en la lectura de los hechos. La paz que es tan hermosa y es el anhelo de todos los colombianos, se ha vuelto bandera partidista. ¿Cómo se puede hablar de paz desde esta óptica? Ese discurso es ya de por sí, violento. Clasificar a los colombianos como amigos y enemigos de la paz es tendencioso y no lleva a los resultados esperados. Todos queremos la paz; ahora, los caminos propuestos pueden ser diversos y en esto puede haber disenso, es lo propio de una democracia.
Me da mucha tristeza ver cómo se buscan los errores cometidos por aquellos que hoy no están en poder y son mostrados como el escarnio público, así me lavo las manos y resulto el más cándido e inocente. ¡Qué cinismo! Las llamadas “chuzadas” o la piratería en las campañas políticas, son sucias; pero hay delitos mucho más graves. A veces se filtra el mosquito y se traga el camello. La gravedad de los delitos se califica de acuerdo con quienes los han cometido. Un peculado por viáticos se condena como una inmoralidad colosal, claro que es una inmoralidad. Pero hay atracos al Estado que pasan de agache. Me he apartado de los noticieros amarillistas en donde se denigra del honor y la fama de la gente. Se magnifican los errores si fueron cometidos por enemigos nuestros; se silencian cuando son cometidos por amigos nuestros. Se enloda la honra de una persona para quitarle el protagonismo en el escenario público. Se cambia de jurisprudencia de acuerdo con el poder reinante. Se quiere complacer al régimen de turno ensuciando a tantas familias. Con tanta injusticia, ¿cómo vamos a lograr la paz? Los juicios humanos sin conciencia moral son crueles, parciales y sesgados. ¡Líbrame Señor del juicio de los hombres! Los líderes tienen una enorme responsabilidad, pues la masa, con frecuencia es irracional y la pueden llevar a cometer crímenes horrendos. La clase dirigente debe ser pausada y ecuánime para que después no sea víctima de su propio invento.
Me gusta mucho la alegoría de la justicia que los romanos deificaron influenciados por los egipcios y los griegos: una mujer, que representa la actitud maternal frente al delincuente arrepentido; una espada, que representa el poder; una balanza en donde se encuentra la verdad y la justicia, para indicarnos el equilibrio que debe haber entre el delito cometido y la pena que se debe aplicar en cada caso. Lo más importante de la alegoría es que la mujer está con los ojos vendados: nos indica la imparcialidad que debe tener el juez. No debe juzgar por afecto o desafecto. ¡Cómo se debería aplicar esto en la justicia colombiana! Evitemos tanto protagonismo en los estrados judiciales. El silencio del juez es una muestra clave de su objetividad e imparcialidad; el fallo es la última etapa del juicio.
+ Froilán, obispo de Neiva
