Justicia transicional y perdón judicial
Amadeo González Triviño
En todo proceso de transición política, en medio de la cual ha surgido confrontación, desestabilización social, conflicto armado y/o procesos de dictaduras militares, ha hecho carrera el establecimiento de normas o leyes, que buscan establecer la verdad de todo lo ocurrido, se han creado comisiones direccionadas a ese propósito y se han formulado normas de transición, de regulación de los crímenes cometidos por unos y otros al igual que leyes de punto final o como la que por estos días se viene discutiendo en Colombia a la luz de la denominada justicia transicional.
Las Comisiones de La Verdad y los sistemas de justicia para la transición constituyen en el fondo un cuestionamiento serio al poder judicial. La función jurisdiccional es fundamentalmente una actividad de carácter cognoscitivo, sujeta a pruebas y contra pruebas, por lo que la verdad constituye, o debe constituir, el fundamento central de su accionar y de su independencia. La incapacidad para llegar a la verdad y someter a la legalidad los poderes públicos y privados cuestiona profundamente la administración de justicia.
Colombia ha vivido una etapa de crisis, de conflicto armado, y amén de todo este proceso, la justicia ha estado salpicada de tal forma, que ha perdido identidad respecto de la función que debe cumplir, ha sido la gran generadora de impunidad y por qué no decirlo, ha sido el eslabón inescindible para que parte de ese proceso de descomposición social que se vive en los actuales momentos, haya alcanzado unos momentos culminantes para hacer posible que la corrupción se arrope por doquier en todas las instituciones del Estado de Derecho y consecuente con ello, que los crímenes que surgen desde las entrañas del poder, queden a la deriva en el más completo silencio.
Tal como se pone al descubierto en este libro, las experiencias de justicia transicional no sólo son pobres en resultados, sino que se han llevado a cabo sin la debida reforma al sistema judicial.
Consideramos, según nuestra visión de la realidad, nuestra percepción del mundo que nos rodea, que antes de poder encontrar políticas de Justicia Transicional, en uno u otro sentido, esto es, como justicia restaurativa o justicia represiva, se debe empezar por una recomposición de nuestra organización judicial colombiana, una refrendación de que se han cometido muchos errores y que es necesario devolverle la confianza a ésta institución.
Vale la pena citar aquí la declaración pública de los magistrados y jueces chilenos que pidieron perdón a la sociedad por el mal funcionamiento del sistema judicial durante la dictadura militar: “Sin ambigüedades, ni equívocos, estimamos que ha llegado la hora de pedir perdón a las víctimas, a sus deudos, y a la sociedad chilena por no haber sido capaces en este trance crucial de la historia de orientar, interpelar y motivar a nuestra institución y a sus miembros en orden a no desistir de la ejecución de sus deberes más elementales e inexcusables, a saber, el cumplimiento de la función cautelar que en sí mismo justifica y expresa la existencia de la jurisdicción. No es posible eludir nuestra responsabilidad histórica en la vulneración de los derechos humanos producida durante la dictadura. E invitamos a la academia, a los jueces, magistrados y abogados a hacer una profunda reflexión sobre el poder judicial, su pasado y su futuro”.
Será que en Colombia, encontramos la entereza y la suficiencia de carácter, para escuchar muy pronto, un pronunciamiento que nos devuelva la fe y la certeza de que nuestra Administración de Justicia, está comprometida con la Paz y la Convivencia Nacional, y por tanto que está dispuesta a cumplir con el mandato constitucional que le corresponde?
