Jurisdicción para la paz
Ayer fue un día histórico para Colombia: después de 14 años de los diálogos fallidos en El Caguán, y de que un jefe de Estado se reuniera con el cabecilla de las FARC, se volvió a reunir el presidente de la República con el máximo jefe de este grupo guerrillero.
El encuentro fue en La Habana (Cuba). Juan Manuel Santos, presidente de los colombianos estrechó su mano con alias Timochenko, Rodrigo Londoño Echeverri. Un encuentro que promete mucho para la paz, sobre todo cuando el mandatario ya advirtió que el próximo año el 23 de marzo se firmará la paz.
Los especialistas ya han advertido que el fin de esta ‘Jurisdicción especial para la paz’ es que las sanciones penales sean de carácter restaurativo, es decir, que la verdad debe ser exhaustiva y debe ir encaminada a resarcir los daños causados a las víctimas. De ahí lo importante de que quien falte a la verdad, las sanciones superarán los 20 años de cárcel.
Y pues obviamente habrá un tribunal para la paz que no solo evaluará las conductas de las FARC sino que atenderá casos de toda índole que se hayan generado en el marco del conflicto armado.
Lo importante del acuerdo es que es un paso hacia la paz y no hacia la guerra, camino que ya hemos transitado los últimos 50 años y nada bueno nos ha dejado.
Pero para que Colombia se acomode al modelo de ‘justicia transicional’ tienen que darse unas condiciones especiales y el Congreso de la República debe avalar este modelo.
En consecuencia una posibilidad jurídica, para atenuar las sanciones penales y poder evitar las futuras extradiciones, es considerar el narcotráfico como un delito conexo a la rebelión.
Por otro lado, las personas que ya han sido condenadas y se encuentren pagando su sanción, tan pronto se apruebe este modelo de justicia se acogerían a este beneficio.
De esta manera, al otorgarse amnistías e indultos, más 15.000 guerrilleros resultarán beneficiados y otros 1600 ya condenados podrían quedar en libertad.
Acá no se trata de impunidad, sino de una oportunidad inmensa para la paz y para el progreso, pues un país en manos de la reconciliación no tiene otro camino sino el del éxito.
