Juicio fallido
Si en algo tiene razón José Obdulio Gaviria en su ingrávida defensa de su jefe político -innombrable por decisión del mismo congreso-
y acorralado por cargos de vínculos con el paramilitarismo que ya son de dominio público, es que el debate convocado por el senador Iván Cepeda, era un enjuiciamiento que se adelantaba con el juez y en el lugar equivocados, pues por tratarse de cargos criminales contra Uribe debía surtirse ante el juez natural del expresidente, quien para salir airoso en el embozado juicio, en lugar de salir corriendo después de lanzar mandobles para salpicar a sus enjuiciadores, le hubiese bastado con hacer esa afirmación agregando que solo respondería lo cargos ante su juez, sabedor de que no lo tiene garantizándole impunidad, como lo es la inefable Comisión de Acusaciones.
Fue un desgaste innecesario de Uribe para salir mal librado ante la carencia de argumentos para defenderse, quien optó por la única estrategia que se tiene ante esta circunstancia, cual es la de descalificar a sus acusadores, acusándolos a la vez, en lo que es bien avezado, para de esta manera comunicar perversamente que como todos son culpables, nadie puede ser culpable y menos él por sus vínculos con el paramilitarismo que nadie puede desconocer por la miríada de indicios que hay en su contra, que no solo son producto de las investigaciones del senador citante, sino de los mismos jueces de la república como el magistrado Rubén Darío Pinilla, que ante las evidencias de esos siniestros vínculos, acuñó la lapidaria frase “No es posible estar dentro de una piscina y no mojarse”, compulsando las inocuas copias ante el juez natural de Uribe para que lo investigara junto con las más de doscientas investigaciones que tiene, que ya sabemos no emitirá jamás un veredicto de verdad y justicia en esta materia por su contaminado origen y composición.
No hay duda de que fue un debate inútil, que solo sirvió para demostrar la destilación de odios de una confrontación política malsana y eterna que ha dejado un reguero de muertes nunca esclarecidas producto de mil violencias, comenzando por los magnicidios y las masacres de todos los tiempos, que hacen imposible que haya verdad y justicia como estérilmente se pide para que no nos sigamos matando y hagamos la catarsis que se ha hecho en otras sociedades para que transitemos por el sendero de una paz duradera, que seguramente no vamos a ver por la tozudez de nuestra sangrienta historia.
Por eso si queremos que algún día haya justicia y verdad que dilucide estas graves acusaciones y contubernios con el crimen en el ejercicio del poder político, tenemos que comenzar por crear un juez respetable y creíble para los funcionarios aforados como el Presidente de la República, para que no tengamos que seguir asistiendo a estos dañinos y desviados debates que solo estimulan el odio y la violencia en este polarizado y violento país. Lamentablemente en el vitando juego de reciprocidades entre los poderes públicos, el indispensable supertribunal que se propone terminará fracasando nuevamente para que sigamos invictos en impunidad y violencia.
