Juan Pa, un Jefe de Gobierno que no sabe ser Jefe de Estado
Por El Pájaro de Perogrullo
No conozco a Jorge Pretelt, no se qué hizo o que no hizo. Lo que me indigna como ciudadano, y que no se ha reprochado de manera general y vehemente, es que matoneen a un Magistrado, a un ciudadano, y no se le respeten sus derechos fundamentales, con la errada concepción de que solicitarle la renuncia y que este la haga protege las instituciones, cuando en realidad es todo lo contrario.
No respetar los derechos de Pretelt es no respetar el Estado de Derecho. Más aberrante aun es que la conducta la hagan varias de las instituciones al unísono, sin reflexión alguna del daño que esto causa, y con contubernio insano con los medios de comunicación “enmermelados”.
Así, el Gobierno, navegando de manera errática y torpe en la coyuntura política, públicamente pide la renuncia de Pretelt a través del Ministro de Justicia.
El Senado, sin alma propia y cumpliendo la orden del ejecutivo, no le acepta la licencia temporal a Pretelt, quien de manera acertada y oportuna la había solicitado. La Fiscalía, en el mismo tercio de la faena, desempolva expedientes e investigaciones en contra de su esposa. Por si fuera poco, por obra y gracia del Espíritu de Santos, el Gobierno de Estados Unidos le retira la Visa. Y para terminar tan desafortunada seguidilla de hechos coincidentes e irregulares, la Corte Constitucional, la misma que debe guardar la Constitución y la Ley, la misma que debe proteger los derechos de todos los colombianos, incluidos los de Pretelt, a lo Juan Matachín indica que no hará sala plena si no renuncia.
Todo esto se genera por el manejo inadecuado que le ha dado nuestro Presidente a la situación, ya sea por el desconocimiento de la diferencia entre ser Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, o porque sabiéndolo, le importa más la coyuntura política y no la estabilidad institucional y los derechos de los ciudadanos.
En nuestro país el Presidente encarna dos dignidades: la de Jefe de Gobierno y la de Jefe de Estado. Un Jefe de Gobierno impulsa sus políticas y navega en la turbulencia coyuntural para avanzar su agenda.
Un Jefe de Estado vela por la estabilidad y la tranquilidad de la República y navega en la turbulencia coyuntural para mantener la armonía en beneficio de todos los ciudadanos. Y el arte de gobernar de manera sabia es hacer un balance entre estas dos dignidades.
Por ello, el Presidente como Jefe de Gobierno ha podido, de manera privada a través del Ministro de Justicia, solicitarle a Pretelt su renuncia bajo el entendido de que la coyuntura hacia insostenible su continuidad, señalándole también que como Jefe de Estado respetaría cualquier decisión que él tomara, y si ella fuere no renunciar y pedir una licencia temporal, le daría su apoyo a la misma, garantizándole así sus derechos fundamentales -el debido proceso y la presunción de inocencia-. Y a reglón seguido le hubiere pedido al Senado la aceptación de la misma. No obstante, esto no ocurrió.
El Gobierno y otras instituciones lo pusieron contra el rincón y Pretelt se defendió mancillando a todo y a todos. Esta situación no fue creada por el Gobierno, pero este, al no tener clara la diferencia entre los roles, o porque tenía unos intereses en su agenda, como la elección del Registrador, la aprobación de lo acordado en La Habana o el aplauso de la tribuna, creó un problema institucional de proporciones mayúsculas.
Ahora, el Gobierno quiere salir del impase adicionándole elementos a la reforma de equilibrio de poderes, que más parece la reforma del desequilibrio de poderes por cuanto quien terminará mandando sin cortapisa será el Ejecutivo.
“Ave Caesar, Imperator” y que Dios guarde a la Patria de la tirania que se avecina.
