JEP, perseguir contradictores
Álvaro Hernán Prada
“Por el desayuno ya se sabe cómo será el almuerzo”. Este dicho popular se ajusta a lo que mostró el secretario general de la JEP ante el derecho de petición enviado por el ex ministro Diego Palacio. Sin ningún respeto por el buen nombre ni al debido proceso, Correa Henao dijo ante los medios de comunicación, que el Dr. Palacio habría confesado un delito y por esa razón se acogería a la Justicia Especial de Farc. Porque eso es lo que es. No fue una sorpresa que abrieran la JEP con el caso del exministro Diego Palacio. Si bien es cierto que es él quien ha mostrado interés de someterse para que revisen su caso, se habría esperado que iniciaran la discusión con algún miembro del secretariado o del estado mayor de las Farc, responsables de los crímenes de lesa humanidad. Correa mintió, dejándonos ver el principio de lo que será la persecución a la oposición democrática, a través de magistrados afines al terrorismo para seguir despejándoles el camino al poder. Acusó a Palacio de admitir la compra de la reelección del expresidente Uribe, sabiendo que nunca hizo tal afirmación. Resultaba polémico y conveniente inventarse la culpabilidad para justificar que se acoja a la ‘JEF’. O tal vez lo que nos quiso decir es que para someterse, la condición a los agentes del Estado es declararse culpables, como lo advertimos al leer el acuerdo de Santos con Timochenko. Aunque los medios rectificaron la información, el daño causado es irreparable para muchos ya confesó.
La gravedad de estos hechos no es solo el caso de Diego Palacio, quien siempre ha defendido su inocencia. Hay que recordar que en la primera instancia, nunca quisieron aceptar unas pruebas solicitadas por la defensa, que evidenciaban las mentiras de la señora Yidis Medina. Que a pesar de los compromisos internacionales que obligan tener una doble instancia, nunca la ha tenido, violando claramente sus derechos fundamentales. Para rematar se conocieron grabaciones donde los magistrados que lo condenaron, comentaron que este era un caso político por el enfrentamiento con el uribismo y tenían que juzgarlo de esa forma.
Lo verdaderamente preocupante son los alcances de esta justicia que estará al servicio de las Farc y sus amigos. Lo primero era asegurar quiénes serán sus integrantes. Correa tiene una lucha cazada contra Uribe desde que fungió como presidente de la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura. Por eso lo pusieron a liderar la ‘JEF’, para garantizarles impunidad a sus amigos “exterroristas”, pero sobretodo intimidar y perseguir a los opositores. Su honorabilidad es tan dudosa como su pasado, al parecer untado de los dineros del narcotráfico, por parte de los Rodríguez Orejuela y hoy, a lo mejor del cartel narcotraficante más grande del mundo, premiado por Santos.
Cada día nos parecemos más a Venezuela porque la ‘justicia’ de las Farc será homóloga al Tribunal Supremo del vecino país, que perpetró el Golpe de Estado contra la Asamblea Nacional, quitándole las funciones para reprimir a la oposición. Aquí van a anular la justicia ordinaria para que solamente los jueces que elijan el secretariado y el Partido Comunista Clandestino, sean quienes tengan facultad de juzgar a todo el que no esté de acuerdo con la impunidad y el poder del terrorismo. Santos pasará su dictadura a la dictadura judicial de la JEP. Demostraron con el prejuzgamiento que hiciera Correa, que lo verdaderamente importante será perseguir a Uribe y sus amigos. ¡Nos queda derogarla con un referendo o así será el almuerzo!
