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Opinión/ Creado el: 2015-04-17 07:08

Je Suis…Colombia

Por Juanita Escandón Salazar

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 17 de 2015

Han sido miles los indignados durante las últimas semanas por el evidente interés selectivo de los medios de comunicación ante los sucesos atroces que han tenido lugar en el mundo en los últimos meses. Muertes de inocentes a cargo de los grupos extremistas del Islam, y hasta el inesperado suicidio del copiloto de Germanwings que cobró la vida de otros tantos inocentes. Noticias que han inundado los medios y las redes sociales con hallazgos, incesables investigaciones e innumerables manifestaciones de solidaridad desde cada rincón del mundo.

Sin embargo, mueren 147 estudiantes de la Universidad de Garissa en Kenia, a manos de extremistas somalíes, las fotos que muestran las escenas de la masacre se riegan velozmente a través de redes y medios, pero ni la indignación ni la relevancia de este suceso se acercan a los de la muerte de 13 personas en París. Y es que claro, ¿a quién no le conmueve más que en ‘la ciudad del amor’ se presente una masacre, frente al hecho que las injusticias sociales, los magnicidios, y la impunidad sean el pan de cada día en el continente africano? Para explicar la desigualdad en la difusión, eco e impacto que tienen estas noticias, el diario británico The Guardian, utilizó el término “Jerarquía de la muerte” para explicar por qué hay más cobertura y hasta relevancia de unas víctimas por encima de otras.

En esta jerarquía influyen principalmente dos factores: la proximidad y la calidad de la información. El primero explica cómo “nos interesa más lo que ocurre en nuestro país y en países cercanos” y el segundo, cómo la presencia de corresponsales es determinante para que se difunda y se conozca la información en el resto del mundo.

Desde mi punto de vista, las teorías de proximidad ni de calidad de información son argumentos suficientes para lavarnos las manos por la falta de solidaridad e interés con que recibimos la noticia de la masacre de los 147 estudiantes en Kenia, frente a la de la masacre de Charlie Hebdo, u otros sucesos.

Si bien, algunos hechos recientes como la masacre en Túnez o el accidente de Germanwings nos golpearon directamente por la muerte de cuatro colombianos, otros no lo hacen, no nos son próximos y sin embargo generan más trascendencia y conmoción que los mismos hechos que ocurren a diario en nuestro país.

Hasta el año pasado Colombia seguía estando entre los primeros países con mayores tasas de homicidios en América, siendo el país donde ocurren 1 de cada 30 asesinatos en el mundo, donde es relativamente fácil adquirir un arma de fuego, donde circulan más de 4,5 millones de éstas, donde casi el 80% de personas mueren a causa de las mismas, y donde de cada 100 procesos, solo 20 homicidios acaban en la encarcelación del homicida. 

Esto sucede en nuestro territorio, y si no fallo en el significado del concepto de proximidad, según las teorías que estudiamos previamente, la relevancia de las noticias que aquí suceden, deberían ganarles en relevancia a las que sucedan en cualquier otra parte del mundo.

Gran parte de los homicidios que ocurren son a causa del conflicto armado y no solo en áreas rurales o donde hay presencia de narcocultivos, sino en todo el territorio nacional. Por esto yo no soy Charlie, ni soy Kenia, y no porque no me inquieten los hechos, en cambio, ‘je suis Colombia’ porque me indigna más vivir en un país que practica la solidaridad y la indignación de puertas para afuera y donde la paz se parece más a una propaganda política.

Culpamos a los medios por decidir qué crímenes ‘venden’ más que otros, sobre qué vidas valen más que otras, pero fuimos nosotros quienes decidimos que el crimen hace parte de nuestra realidad de país, y así vivimos, resignados. Bajo la misma mirada juzgamos la gravedad de los hechos en Kenia, que no son atípicos en el continente y que es un hecho que seguirán repitiéndose.

Esto último también lo damos por sentado en Colombia, la violencia ni los homicidios son hechos noticiosos, los homicidas son capturados pero pocas veces judicializados, y otros, los que cometen los crímenes más atroces y posicionan a nuestro país en el ranking de países con mayor violación a los derechos humanos son premiados con impunidad mientras quienes se manifiestan en contra de este absurdo, son los que se someten a la crítica pública por no ser simpatizantes de la ‘paz’ y la ‘bonanza’ que nos dicen que estamos empezando a  vivir en Colombia.