viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-06-02 09:06

Irreversible pero insostenible

Ernesto Cardoso

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 02 de 2017

Los últimos acontecimientos relacionados con el proceso de paz son muestra indiscutible de que tanto el Presidente Santos como sus aliados del Congreso y las Farc, están decididos a implementar los acuerdos contenidos en las 310 páginas del documento suscrito en el teatro Colón.

El Acto Legislativo con el cual se abrió la puerta constitucional para incorporar lo acordado en el texto normativo superior que fuera avalado en su momento por la Corte; así como el mecanismo del Fast Track; recientemente modulado en el sentido de rescatar la capacidad deliberativa del Congreso y de exigir que no se puedan votar en bloque las iniciativas del gobierno, decisión esta última adoptada la semana anterior; constituyen sin duda alguna, hechos que permiten afirmar la irrevocabilidad del proceso. Para la muestra, la prórroga del desarme y la cascada de decretos expedidos por el Presidente.

En tales condiciones es evidente que la interpretación literal del artículo 22 de la Carta, según el cual, la Paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, constituye el soporte jurídico sobre el que se pretende construir la nueva estructura constitucional y legal del Estado y de la sociedad colombiana. Al respecto, se observa la paradoja consistente en que dicho artículo 22 fue incorporado en el texto constitucional del 91 pero durante su vigencia hemos padecido la peor de todas las violencias, hecho que demuestra, una vez más, que el derecho como ciencia que regula la organización de la sociedad no siempre coincide con las realidades que pretende regular.

Lo anterior permite explicar la realidad histórica que caracteriza a las sociedades modernas, entendidas éstas como las que se sustentan en la democracia participativa, en donde la voluntad del pueblo soberano constituye la esencia del Estado Social de Derecho, pues el componente político que es consustancial en una democracia es el que finalmente le da la legitimidad necesaria al Estado y a las ramas del poder público, a través de las cuales éste se manifiesta frente al ciudadano.

Por tanto, si bien es cierto se vislumbra la irreversibilidad del proceso de paz de conformidad con lo anotado anteriormente, es decir, por el soporte constitucional y legal sobre el cual se está edificando; no es menos cierto que todavía es válido argumentar la falta de legitimidad política del mismo en la medida en la cual se ha desconocido la voluntad soberana del pueblo cuando se manifestó en el plebiscito. Por otra parte, las democracias deben legitimarse en los consensos políticos más que en el agresivo abuso de inciertas mayorías.

Pero si lo anterior fuese poco que desde luego no lo es, es aconsejable analizar la sostenibilidad económica, fiscal y presupuestal del proceso, dada la enorme cantidad que en el gasto público habrá de comprometerse para su consolidación. Personas y organismos autorizados han calculado el costo en cerca de 160 billones de pesos durante los próximos 10 años, es decir, un promedio de 16 billones anuales.

No es sensato pensar entonces que teniendo en cuenta, por una parte, la coyuntura económica mundial en la que muchos países atraviesan serias dificultades y se evidencia una grave crisis que afectaría inevitablemente a los países en desarrollo; y por otra parte, que la realidad económica y fiscal del estado colombiano no garantiza los recursos suficientes para darle cumplimiento a tales compromisos, salvo que se pretenda seguir asfixiando a los ciudadanos con más impuestos, tasas y contribuciones que terminen incrementando la pobreza y la inequidad social, panorama en el cual, la paz de hoy pasaría a ser la violencia anárquica de mañana.

Ya tuvimos la primera decepción al anunciarse por el gobierno norteamericano la reducción de la ayuda prometida. Pero también ya sabemos que no hay recursos para la salud, la educación, la justicia, la infraestructura y demás servicios a cargo del estado; pero por desgracia, además, se los está robando descaradamente la codicia insaciable de la corrupta politiquería. Quizás de éste esfuerzo lo único que perdure sea el premio Nobel.