Indignante
Por Diógenes Díaz Carabalí
A la familia Fernández Ordoñez la conocí cuando vigilaba el expendio de combustible en la ciudad de Popayán. Gente laboriosa, honrada, dedicada a su trabajo, con un alto sentido de servicio. Así atendían a su numerosa clientela. Eran los propietarios de la Isla surtidora de combustible ubicada en la carrera Octava frente a la Lotería del Cauca, por la avenida Mosquera.
Allí encontraba a la señora Luz Mila, amable, honesta, de sonrisa franca, apoyo crucial en el negocio manejado por su marido, en un medio cargado de dificultades; un negocio donde los márgenes de rentabilidad son estrechos, hay que mover grandes volúmenes de inventario para obtener utilidades. Ambos conocían el negocio de los combustibles al dedillo; el señor Fernández fue por mucho tiempo representante legal del gremio.
Conociendo a la señora Luz Mila, uno no entiende cómo pudo ser secuestrada. Ni cómo la autoridad no ha dado con el paradero de los plagiarios, en un medio donde todos nos conocemos, donde se sabe a qué nos dedicamos cada uno de los habitantes. Faltó de pronto entereza para dar con su paradero; faltó eficacia en los cuerpos de inteligencia para conseguir la identidad de los secuestradores, y para encontrar el sitio donde la tenían conminada. No se explica uno cómo pueden ocurrir estos hechos vergonzantes, que ponen a nuestra sociedad en el rango de la crueldad insensible de los peores delincuentes. No entiende uno cómo permitieron que fuera asesinada.
Lo ocurrido a la familia Fernández, en particular lo pasado con la señora Luz Mila, es un acto indignante que debe ser repudiado por toda la sociedad, aunque suene a Perogrullo. Además del sufrimiento particular de sus hijos, de su esposo, de quienes la conocimos de alguna manera, crímenes como el suyo perjudican la ciudad y la región, impiden el trabajo honrado de quienes cuentan con la posibilidad de realizar inversiones, de generar empresa, de proveer empleo, pues significa poner en riesgo la integridad física propia y de los familiares.
Ojalá el crimen de la señora Luz Mila no quede impune. Que sean descubiertos sus secuestradores y asesinos, y sean llevados a la justicia para que recaiga sobre ellos todo el peso de la Ley. Es la única manera de hacer entender a quienes buscan el dinero fácil, a través del delito, a quienes no les conmueve una sola fibra de su ser, que actos como estos son duramente sancionados por la sociedad, por el Estado. Para que no se repitan esta clase de crímenes, porque la vida de doña Luz Mila no será devuelta, el daño, el dolor a sus allegados ya fue causado y nada lo compensa.
Que no tenga que venir el presidente a dar la orden de capturar a los culpables, como parece ser la forma que los entes de policía y seguridad actúan con eficiencia, porque, de resto, la impunidad campea, ante tanto crimen, ante tanto desafuero, que ocurre en el país, que nos indigna y nos hace ver impotentes, con el miedo acendrados en nuestra médula, porque no nos sentimos seguros en ninguna región del país, y cualquier artículo de valor tenemos que esconderlo incluso para nuestro propio uso. Mi solidaridad y aprecio para su esposo y sus hijos.
