Indignación
En Colombia parece que ya nada nos sorprende. Ayer conocimos la trágica muerte de una niña de tan solo cinco años víctima de los golpes salvajes y brutales que le propinó su madre biológica, una mujer evidentemente desequilibrada que ahora se debate entre la vida y la muerte, luego de intentar suicidarse al conocer el estado de su hija.
Una historia muy triste que infortunadamente es más común de lo que creemos y que si no fuera por los medios de comunicación, seguramente terminaría en una estadística de Medicina Legal y en el luto profundo de un par de familias.
Lo que está pasando con nuestra niñez es más que alarmante.
Se calcula, según las cifras recopiladas por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, que uno de cada 10 niños es maltratado en Colombia y que por lo menos el dos por ciento de estos casos termina en la muerte de los infantes, cifras escalofriantes que deberían llamar a la reflexión, sobre todo si analizamos que esos maltratados serán el futuro de esta sociedad.
En Colombia no hay políticas claras que tengan como norte la efectiva protección de los niños y las niñas, pese a que sí existen entidades atiborradas de burocracia que dicen velar por el respeto y bienestar de los menores de edad.
Pero nada está funcionando. Ante la magnitud de un hecho como el que ayer conoció el país, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se limitó a emitir un comunicado “rechazando” la muerte de la niña y pidiendo a la Fiscalía que “investigue y judicialice” a los responsables.
No es mucho el aporte, en el entendido que pasa a ser obvio que ante la evidencia de una muerte violenta, la Fiscalía abre una investigación y judicializa a los responsables, no porque Bienestar Familiar se lo pida, sino por ser su deber constitucional.
Contrario a esto es deber de Bienestar Familiar velar por la niñez desamparada y vulnerable y sin exagerar podemos decir que en la mayoría de los casos no lo hace.
En Neiva, para citar un solo ejemplo, vemos niñas y niños en las calles, utilizados para la mendicidad y nadie hace nada para protegerlos.
Este es el crudo panorama y la triste realidad de una niñez que, como ya lo afirmamos, se constituye en el futuro de Colombia. Recordemos que un niño maltratado seguramente será un maltratador, es decir, que si no paramos esta terrible estadística, el futuro no será nada halagüeño.
