viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-04-09 07:57

Indiferencia criminal

Otra protagonista de la sórdida historia. Otro nombre de mujer de cara derretida.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 09 de 2014

Otra víctima de la criminal indiferencia de las autoridades y la sociedad. Otro referente de cómo nos podrimos.

Natalia Ponce de León,  penúltima en la larga fila de mujeres sin rostro, convalece lentamente. Después de un largo calvario quizá las lesiones del cuerpo cierren a medias. Lo que permanecerá  toda su vida serán las  sajaduras del alma, la vergüenza de mostrar en público el rostro deformado como en un aquelarre de horror, el  siniestro tatuaje  en la piel y en la mente, el súbito exilio de las oportunidades del futuro.

Esto de las mujeres desfiguradas con ácido, a fuerza de recurrente se volvió costumbre. Como son el pan nuestro de cada día los salvajes episodios de irrespeto que a diario se cometen contra su integridad. Todavía me estremece el recuerdo de la violación y el asesinato de Rosa Elvira Cely ocurrido en la madrugada del  24 de mayo de 1912 en el Parque Nacional en pleno corazón de Bogotá. Ahí Javier Velasco Valenzuela, presunto autor del crimen y “amigo” de la víctima, se ensañó en su desamparo: empalamiento, golpes cruentos, violación, fuerza bruta en su más sucia, vil y primitiva demostración. Fue tan terrible lo que hizo en el cuerpo y el alma de la indefensa mujer, que “Los galenos de urgencias nunca habían visto algo tan brutal y tan horrible como lo que encontramos con esta persona”, dijo el subdirector del Hospital Santa Clara, lugar donde se le prestaron los primeros auxilios. La polvareda que levantó este crimen fue densa. Autoridades y sociedad a una, como en Fuente Ovejuna, pusieron el grito en el cielo. Después, como suele suceder,  silencio y  olvido. ¿Dónde andará ahora el monstruo asesino? ¿En la cárcel o dorando la noche en alguna fogata caminera?  ¿Se habrá hecho acreedor a una reducción de pena por escribir un libro, por su calidad de abnegado padre de familia  o porque sufrió los estragos de la rubeola en la  infancia? ¿Qué camino fatigará su redimida osamenta? ¿Se habrá adscrito a la iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional con doña Piraquive al timón o deshojará la margarita antes de reanudar actividades? Porque no está demás recordar que esta perla sabanera fue condenado a tres años por homicidio y porta otras dos denuncias por abuso sexual, una de ellas contra su propia hija de once años de edad. Es decir, su experiencia en los caminos del delito   es digna de admiración.

Debería extrañarnos que semejante amenaza pública todavía aletee. Más pronto de lo creemos, Natalia Ponce de León pasará a segundo plano en esta trama surreal donde el dinero bien o mal habido y el poder defendido a dentelladas, nos impide sopesar lo que representa la dignidad humana, única garantía de supervivencia saludable en este planeta que agoniza.