Impactos: Verdadera amenaza a la civilización moderna
Por Delimiro Moreno
El asesino asalto fundamentalista musulmán a la revista satírica francesa “Charlie Hebdo” en el que perdieron la vida doce personas, entre ellas cuatro de los mejores caricaturistas suyos, fue un ataque frontal a la moderna civilización occidental, basada en la absoluta libertad de expresión y de prensa, conseguida en centenares de años de lucha intelectual y de masas contra el medioeval fanatismo religioso cristiano, especialmente católico. Esa lucha por la civilización occidental, amenazada hoy por los fundamentalistas musulmanes, se inició en el Renacimiento, no solo con sus artistas plásticos sino con sus escritores críticos que fueron demoliendo el medioevo con el arma de su crítica y su humor. Ya lo describió con su reconocida lucidez el novelista Héctor Abad Faciolince en uno de los artículos más serios sobre el tema:
“Considero que el catolicismo fue, en buena medida, domado por la reforma protestante y luego por los risueños filósofos de la Ilustración. Tras el cisma protestante, vino el siglo de las luces. Voltaire y Diderot, con la magnífica arma de la risa, le enseñaron a la Iglesia (bueno, al menos a la parte menos oscurantista de ella, a los lefevbristas todavía no) la difícil virtud de la tolerancia: para evitar las guerras de religión había que soportar otras formas de creencia cristiana, y había que soportar también a los no creyentes, a los ironistas, a los ateos, a quienes se burlaban de la religión”.
Que el imperialismo haya buscado convertirse en el adalid de la libertad en el mundo (lo cual es falso) y que haya pretendido imponer por la violencia a los pueblos musulmanes su idea de la democracia, cuando en realidad buscan apoderarse de sus riquezas naturales, no justifica este asalto a la civilización que con tanto esfuerzo hemos construido en Occidente, porque, lo explica bien Abad Faciolince en su artículo citado:
“Buena parte del Islam está todavía en la fase medieval de sus creencias. Los tiempos coinciden: la predicación de Mahoma empezó en el año 622. Si le restamos este número a 2014, vemos que ellos están apenas en el año 1392 de su historia: viven todavía en tiempo de cruzadas, de fetuas y Yihad; el Renacimiento apenas va a asomar la nariz, no han descubierto a América, les falta un siglo para Lutero y tres para Voltaire y Diderot. Ensimismados en su credo, no les parece mal castigar con la pena de muerte el adulterio, la blasfemia, la apostasía, el ateísmo. Y sus facciones más extremistas cometen actos de barbarie como los de esta semana en París”.
De triunfar el fundamentalismo musulmán –ya victorioso en buena parte del Medio Oriente, por su bandera contra el imperialismo del gran capital financiero internacional que explota no solo a su pueblo sino a todos los pueblos del mundo-, retrocederemos 500 años en la historia de nuestra civilización. Por eso es tan extraño que ciertos “progresistas” (que ven en el Islam solo un luchador antiimperialista y por tanto exigen para él respeto y tolerancia) se hayan solidarizado prácticamente con los terroristas de París con el argumento de que los crímenes imperialistas contra los pueblos árabes y musulmanes no han tenido el mismo repudio mediático. También esos crímenes hay que condenarlos, sin duda. Pero eso no puede permitirnos justificar este asalto a nuestra civilización.
