Impactos: Reflexiones sobre la muerte
Por Delimiro Moreno
Cuando un ser humano muere, es hora de hacer su balance definitivo. Al nacer no se es, acaso, sino un proyecto de vida, y es la muerte la que le da sentido y si en ella se realizó ese proyecto o el que se decidió en el transcurso de la existencia. Por eso, en un personaje no tiene mayor importancia la fecha de su nacimiento (son miles, quizá millones, los seres que nacieron en ella y no se convirtieron en personas de valor dignas de ser recordadas). Por eso hay que preguntarse para hacer el balance de una persona a su muerte: ¿Ganó algo la humanidad, o su entorno más cercano, con su paso por la vida? ¿Fue buen hijo, buen hermano, buen amigo, buen esposo, buen padre, buen abuelo y así lo vivieron y reconocieron siempre sus familiares y amigos? ¿Creó una empresa notable; convirtió una frágil en fuerte, o revivió otra en declive? ¿Cumplió el viejo aforismo según el cual todo ser humano para cumplir su misión en la vida debe tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro? ¿Dejó el recuerdo de una buena acción, no necesariamente heroica, pero sí extraordinaria, en beneficio de su comunidad? ¿Fue ejemplar en su profesión, en la que dejó un avance notable? ¿Fue un líder político o empresarial cuya acción favoreció a su pueblo por su eficacia en los cargos que ocupó –gerencia, presidencia, gobernación, alcaldía- en beneficio de la comunidad y no solo en el suyo? ¿Dejó una obra de arte que será recordada: un cuadro, una escultura, una canción, una construcción material, una empresa, una teoría artística o científica, un poema, una obra de teatro, un libro? ¿Sus virtudes fueron superiores a sus vicios o éstos superaron a aquellas? La respuesta a esas preguntas dará la dimensión real desu vida. No sus sueños e ilusiones fallidas, ni sus vanidades y creencias sobre sí mismo. A la muerte de cualquier ser humano, este debe ser el balance que explique y valore su vida. Lo demás es sentimentalismo inane, justificable que se exprese en sus honras fúnebres por sus allegados más íntimos, pero nada más. Principio del formulario
Retrato de los manzanillos politiqueros
Después de escuchar decenas de declaraciones, entrevistas y artículos de opinión de nuestros líderes actuales, se llega a la siguiente conclusión: Para ellos, la política es el arte de obtener un cargo público bien remunerado; conseguir otros para sus familiares, y jugosos contratos oficiales para ellos y los amigos. Así, escuchamos a una empresaria fracasada en sus aventuras comerciales contar cómo se convierte casi por accidente en organizadora de eventos "políticos"; entra al negocio, sin que lo sepa su familia (del partido contrario al que se afilia), y se convierte en "gran líder" de ese partido, de cuyos programas no tiene la menor idea ni trata de investigar, porque lo importante es llegar a cada vez más jugosos cargos para ella, su familia y sus amigos. Esta es la trágica realidad de la mayoría de los actuales políticos que aspiran a dirigir nuestros destinos en los próximos años. Por eso, hay que mirar bien las hojas de vida y los propósitos de los candidatos a gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles para que no caigamos en manos de oportunistas sin ideas, programas e idoneidad para los cargos a que aspiran.
