Impactos: Periodismo rosa y periodismo amarillo
Por Delimiro Moreno
Parece un tema frívolo y recurrente, pero es vital para la salud mental de las sociedades. ¿Cuál periodismo, el rosa o el amarillo, es preferible para el desarrollo normal de una sociedad?
El periodismo amarillo, ese que no trata sino de hechos de sangre, escándalos negativos y violencia en general, sin profundizar en su análisis, y en busca solo de satisfacer los más bajos instintos de sus lectores, generalmente de los estratos inferiores de la sociedad, da una imagen falsa de ella, no busca su mejoría, se solaza en sus dolamas y en definitiva es abiertamente negativo, aunque produce los mayores beneficios económicos gracias a una mayor circulación y aceptación popular. En sus caratulas y primeras páginas, todo es sangre, terror y miseria.
La otra cara de esta moneda (el falseamiento de la realidad) es el periodismo rosa, para el que todo en la sociedad es positivo, no escribe sino sobre los “hombres y mujeres de éxito”; todos somos ricos, hermosos e inteligentes; pasamos por el mundo haciendo el bien, sin cometer un solo error. Sus carátulas son las hermosas reinas de belleza o los exitosos gobernantes y sus “primeras damas” que todo lo hacen a la perfección, siempre en beneficio de la comunidad. Allí no caben la pobreza, el dolor, la violencia, el crimen, la corrupción. Todo es un mundo ideal, perfecto. Y reciben de la alta sociedad el mayor apoyo y de los anunciadores fuertes la mayor parte de la torta publicitaria porque van a los sectores de mayor capacidad de consumo. Tampoco tienen la menor capacidad de análisis, no profundizan en la realidad compleja de la sociedad, con sus luces y sombras; no contribuyen a la solución de ningún problema, porque para ellos no hay problemas, embelesados en la contemplación de su propia bondad.
Ambos periodismos son perjudiciales para la sociedad, aunque reciban una mayor audiencia que los medios serios, para los cuales el mundo está hecho de aciertos y errores, de luces y sombras, y nada puede dejar de analizarse porque la esencia de periodismo es la denuncia de los errores, sobre todo de los gobernantes, aunque también el reconocimiento de los aciertos de entidades y personas. Un periodismo crítico para el cual no todo es negativo, criminal o erróneo, pero tampoco todo es bueno, ideal y acertado.
Y es claro que todos tenemos la libertad de escoger uno u otro periodismo. Es cuestión de criterio y de posición ante la vida y la verdad.
