Impactos: Lo sagrado es social e histórico
Por Delimiro Moreno
En las discusiones que se han suscitado alrededor del ataque de extremistas musulmanes al semanario satírico francés “Charlie Hebdo”, con severas críticas muchas veces no solo a quienes cometieron los crímenes sino a sus víctimas, por supuestos excesos de estas en su ejercicio de la libertad de expresión, que muchos desean tenga límites ante “lo sagrado”, no se ha visto el carácter histórico y social de la sacralidad. Toda sacralidad, como toda religión y sus dioses, son producto de una sociedad dada. No hay, ni ha habido nunca en toda la historia, ninguna sacralidad “per se”, por sí misma, universal e inmune a la crítica, el ataque y aún el sacrilegio por parte de otras sociedades, otras formaciones religiosas y políticas extrañas a ella o en combate con ella. Los europeos que en los siglos XV y XVI invadieron a la América, empezaron por arrasar la sacralidad, las religiones y los dioses de los aborígenes, para imponerles su propia religión, su Dios y su concepto de lo sagrado. Se satanizaron las ideas religiosas de los indígenas, sus costumbres y sus dioses, como se trató de hacer en otras continentes en la expansión del catolicismo como “única religión verdadera”. Fue necesaria la aparición de la Reforma Luterana, el Siglo de las Luces, la Revolución Francesa y el surgimiento los pensadores modernos, Voltaire y Diderot, quienes, como escribió Héctor Abad Faciolince “con la magnífica arma de la risa, le enseñaron a la Iglesia (católica) la difícil virtud de la tolerancia: para evitar las guerras de religión había que soportar otras formas de creencia cristiana, y había que soportar también a los no creyentes, a los ironistas, a los ateos, a quienes se burlaban de la religión”. Y a quienes siendo de otras sociedades se burlan de su sacralidad y de sus dioses, no se puede responder con el asesinato, porque lo que debe tener el mayor respeto es la vida misma, no las ideas y creencias que pueden ser controvertidas. Responder con un asesinato a una caricatura es prueba de que esa religión y ese dios tienen muy poca consistencia y un mínimo poder racional.
Conseguir un estado laico, independiente de las religiones pero que les garantizara a todas su derecho a practicar sus creencias libremente, renunciando a la hegemonía de una de ellas sobre las otras, es la máxima expresión de la civilidad moderna. Los extremistas musulmanes que pretenden imponer a todo el mundo su religión y su dios, son los enemigos de esta civilización, que les garantiza su libertad de creer en sus dogmas y en su dios, pero sin pretender que los demás se sometan a ellos.
Durante siglos, otras sociedades tuvieron otros dioses y otras religiones. Hoy nos burlamos sacrílegamente de ellas sin peligro de que nuestras opiniones se nos castiguen con la muerte. Nuestro objetivo es una sociedad en la que convivan todas las religiones y ninguna se sienta autorizada a asesinar a alguien porque no comparte su sacralidad.
