Impactos: Elogio de la memoria
Por Delimiro Moreno
Es absurdo el pensum que se impone actualmente a los alumnos de primaria en Colombia. A un niño de nueve años, en cuarto de primaria, le obligan a "ver" once materias, entre ellas, informática, con seis o siete complicados libros. Pero no alcanzan a enseñarle correctamente a leer y escribir con buena ortografía y las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética, todo formado con las normas esenciales de ética y cívica, sin las cuales el niño no tendrá herramientas para enfrentarse al bachillerato y a la vida. Este niño de nueve años, quizá sepa qué son el "hardware" y el "software", pero no lee ni escribe correctamente y no sabe las tablas de multiplicar, ni cuáles sus deberes en comunidad. Así, no tendrá elementos para seguir su bachillerato. Y por eso tenemos bachilleres y hasta profesionales incapaces de resolver una división de varios dígitos; que no atinan a redactar un párrafo correctamente, e ignoran sus deberes éticos fundamentales. El problema quizá no es de los maestros sino de los programas que les imponen desde un ministerio de Educación desorientado.
En mis lejanos tiempos de estudiante de primaria, en cuarto elemental sabíamos leer y escribir correctamente, dominábamos las cuatro operaciones y sabíamos el catecismo Astete y sus normas éticas fundamentales. Excepto este catecismo, no teníamos un solo libro, sino uno o dos cuadernos, donde hacíamos nuestros ejercicios de escritura y aritmética. Lamentablemente no nos enseñaron algo básico para la vida: un segundo idioma, preferiblemente el inglés... Esta es una ventaja que tiene el actual pensum sobre el de antaño.
Pero en nuestra infancia (1940-1945) nuestros maestros, los Hermanos Cristianos, la única facultad mental que nos desarrollaban era la memoria. No el raciocinio. Quien gozara de buena memoria, aunque no razonara, era el alumno estrella. Contra ese absurdo privilegio de la memoria sobre el entendimiento, nos rebelamos los alumnos que teníamos la intención de COMPRENDER, de pensar con nuestro propio cerebro, en lugar de repetir como loras, o como grabadoras, lo que nos trataban de enseñar. Así, en tercero de bachillerato, un profesor Zuluaga de ingrata recordación me obligó a aprender de memoria su texto de Zoología, pero como no enseñaba a comprender la evolución de las especies ni sus diferencias sexuales (eso era pecado) hoy no distingo entre un caballo y una yegua. Ganamos la batalla. ¡Es más importante comprender, razonar, pensar, que repetir de memoria! Pero nos fuimos al otro extremo. Y así las generaciones de profesores que nos siguieron, creyeron que le memoria había que relegarla al cuarto de San Alejo y hoy no le exigen a sus alumnos que se aprendan DE MEMORIA ni siquiera las tablas de multiplicar, y así tienen que acudir para la operación más simple a las máquinas calculadoras. Y la MEMORIA es una de las facultades mentales más importantes del hombre. Ella fija nuestras experiencias y conocimientos. Sin memoria no hay sabiduría, ni historia, ni nada. Ejercitar la memoria es tan esencial como profundizar la comprensión de lo que se vive y se aprende. Señores profesores modernos: la memoria es la facultad intelectual básica del aprendizaje, y acompañada de la comprensión nos da la sabiduría. Esto parece una perogrullada. Pero a mi niño de nueve años no lo han obligado en su escuela a aprenderse de memoria ni las tablas de multiplicar. Y acude para saber los resultados de operaciones simples a la calculadora de su computador, ¡Muy bueno! Pero es triste que para saber cuánto es 8 x 9 tenga que acudir a él. ¡Yo solo acudía a mi memoria!
