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Opinión/ Creado el: 2015-02-18 12:53

Impactos: 25 años sin Estanislao Zuleta

Por Delimiro Moreno

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 18 de 2015

Ayer se cumplieron 25 años del fallecimiento, en Cali, (ciudad en la que se había radicado muchos años antes y en la que se desarrolló la mayor parte de su actividad intelectual)  del filósofo antioqueño Estanislao Zuleta Velásquez, muerto el 17 de febrero de 1990, y quien había nacido en Medellín el 3 de febrero de 1935, fechas que se vienen conmemorando en esta última ciudad con diversos actos culturales en su homenaje, programados por la Corporación Cultural que lleva su nombre.

Zuleta es casi unánimemente reconocido como  uno de los pensadores más originales del país, poseedor de  una de las culturas más sólidas entre nosotros, a pesar de no haber cursado sino hasta cuarto de bachillerato y por tanto un autodidacta de profusas y por él elegidas lecturas, que iban desde la novelística alemana (Thomas  Mann era su  escritor preferido), hasta  las  más profundas filosofías modernas, desde el kantismo, el existencialismo y el freudismo, hasta el estructuralismo. Se  paseó por todas ellas, probablemente como pensaba Rafael Gutiérrez Girardot como un “diletante”, pero integrándolas de tal manera  a sus  propias conclusiones que hicieran de él guía intelectual de  varias generaciones y aún hoy es  considerado por la nueva como uno  hito de la cultura nacional.

Conocí a Estanislao Zuleta en 1950, cuando ambos estudiábamos en el Liceo de Bachillerato de la Universidad de Antioquia  y éramos miembros del Centro Literario Porfirio Barba Jacob, presidido por  Ramiro Montoya y entre cuyos integrantes se encontraban Gonzalo Arango, Rómulo  Naranjo, Jaime Mejía Valencia, Rodrigo Sánchez Giraldo y muchos otros personajes que  irían  a brillar después en la cultura antioqueña en diversos campos. Al año siguiente, cuando cursábamos el cuarto de bachillerato, ante la clamorosa  ineptitud de los profesores de entonces que, paradójicamente, obstaculizaban nuestro desarrollo intelectual  en lugar de alentarlo, decidimos retirarnos de las aulas y refugiarnos en la biblioteca privada de su padre, el fallecido  magistrado Estanislao Zuleta Ferrer, amigo de Fernando González y muerto en el accidente aéreo en el que pereció igualmente Carlos Gardel, el 24 de  junio de 1935, cuatro meses después de nacido su hijo. La decisión de  los adolescentes había sido apoyada por Fernando González y el tío político de Zuleta, Fernando Isaza, convencidos de que en las aulas él  perdía  tiempo precioso  para su formación   ante la pésima calidad de la educación de entonces. Allí nos sumergimos en la lectura de  los autores que nos atraían: Thomas  Mann, Dostoievsky, Martin Heidegger, Sören Kierkegaard, Miguel de  Unamuno,  Sartre, Simone de Beauvoir (conocidos entonces  y no, como pretenden algunos, en su viaje a Europa para participar en un Festival de la Juventud patrocinado por los países socialistas en Bucarest), Luis Carlos López, León de Greiff, y muchos más que en ocho meses de febril lectura devoramos  y comentamos (comentaba él) en las tertulias de los café Zoratama y La Bastilla… Fue la época en que sentamos las bases de  nuestra formación intelectual, que produjo la inmensa  personalidad de Estanislao Zuleta  y la de  este modesto periodista e historiador huilense que añora con nostalgia su adolescencia con él. ¡Cómo nos hace falta,  25 años después, su inmensa sabiduría y amistad!

Valgan estas deshilvanadas frases como nuestro homenaje a tan inmenso pensador en lo 25 años de su muerte  y los  80 de su nacimiento.