Impactos : “La paz es el bien supremo, pero…
Por Delimiro Moreno
… No a cualquier precio”. Son palabras del presidente Santos para anunciar que el proceso de paz no debe ser suspendido, pero si las FARC insisten en sus demenciales acciones lo ponen en peligro. Y el jefe del equipo negociador del gobierno, Humberto de La Calle, afirmó: “llegó la hora de que la guerrilla entienda que sus acciones violentas solo están agotando la paciencia y la confianza en la mesa de negociación” y que “los diálogos no serán indefinidos”.
Para nadie es un secreto –y para los uribistas es un triunfo casi demoledor- que el proceso de La Habana sufrió con la masacre del Cauca su más contundente golpe, fruto de la estupidez de un sector de las FARC que se ha atrevido incluso a la “afirmación alucinante” de que ella fue responsabilidad del gobierno. De esta manera, se confirma que el sector belicista de las FARC es el más evidente aliado del guerrerismo retórico del sector político comandado por el expresidente Uribe, en su loca ambición por volver al poder.
Los extremos se juntan. Y hoy más que nunca es evidente que el belicismo de un sector fariano es el mejor aliado de la extrema derecha nacional, a la que suministra las municiones que necesita para combatir el proceso de paz.
Habrá que desplegar todos los esfuerzos posibles e imposibles para continuar el proceso de paz. “La pelota está en el campo de las FARC”, acaba de anunciar el presidente Santos, cuya figura se agiganta, a pesar de las rechiflas uribistas de los últimos días, por su voluntad inconmovible para lograr la convivencia pacífica de los colombianos que quedamos pendientes de la posición guerrillera que acaso sea su última oportunidad de lograr un acuerdo que les garantice su futuro político, si esto es lo que realmente desean. Porque si lo que pretenden es un respiro para recuperarse de los golpes militares que han sufrido en los últimos años en los gobiernos de Uribe y Santos, y continuar con el jugoso negocio de la guerra y el narcotráfico, están muy equivocados. El país no lo soportará. Y es posible que, contrariamente a lo que piensan las FARC y sus despistados dirigentes políticos -que sueñan en un país que no existe sino en sus enfermizas mentes- es posible que para derrotarlas definitivamente –ya que no quieren firmar una paz negociada- se instaure en Colombia una dictadura militar uribista. Con lo cual no solamente perdería la extrema locura de las FARC sino la democracia nacional, golpeada de muerte por la estupidez de una guerrilla que viene perdiendo cada vez más su rostro político y cada vez más exhibe la cara belicista de una facción enemiga de la paz y la prosperidad nacionales.
Y tiene que ser lo más pronto posible. El país no resiste unas negociaciones por tiempo indefinido, lo ha expresado en todos los tonos. No es solo una exigencia del gobierno. Es un clamor nacional. Las FARC tienen ahora su última oportunidad política. Si la desperdician, el veredicto de la historia será implacable con ellas.
