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Opinión/ Creado el: 2015-02-25 06:02

Ignorancia

Por Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 25 de 2015

Wikipedia define la ignorancia así: “Lo que se entiende de forma general como falta de conocimiento acerca de un asunto determinado”. Suele emplearse el término como un insulto, específicamente cuando portamos un delgado o denso barniz de conocimientos. La erudición, al fin y al cabo, es un bagaje adquirido, que en este tiempo de levitaciones cibernéticas se hace más obsolescente cada día.

Existe una ignorancia peor que el analfabetismo: la carencia de ese ojo, voz o conciencia que nos permite saber. Ese inubicable atributo que nos hace clarividentes sin aspavientos, comprensivos sin victimización, humildes sin servilismos. Es lo más parecido a la depuración del alma y al ejercicio acertado del intelecto. Ignorante no es el ciudadano probo pero iletrado y sí lo son esos especímenes muchas veces tri borlados o tri purificados en la asepsia de las aulas. Esa clase de ignorancia es la más temible por peligrosa, arrogante y permitida, ya que el poder que maneja, entorpece en total impunidad nuestro derecho a salir del cascarón.

Como ejemplo de este estado de catalepsia cerebral, cito cuatro de las afirmaciones surgidas últimamente en preclaros espacios colombianos: página de opinión del diario más vendido en Colombia, curul parlamentaria y recinto universitario.

La primera corresponde al señor Saúl Hernández Bolívar, columnista de El Tiempo: “Navarro sigue conmovido por el suicidio de su hijo –dice- ¿Y por las víctimas del M-19 también?”. Esto no denuncia solo carencia de conocimientos. Es simplemente resultado de una noche mental tan cerrada que ni un nictálope lograría distinguir en ella una víbora de una manguera. ¿Insensibilidad? ¿Sevicia? ¿Crueldad  o simplemente error de fábrica o desnutrición crónica?

La segunda (grave porque su autor, a más de honorable vitalicio, pinta canas hasta en la osamenta): “La tragedia del sexo homosexual es su esterilidad” –dice el  senador Gerlein-. (¿Ponemos entonces en la picota a las parejas heterosexuales que deciden no hacerlo o no pueden procrear?) para al final coronarse diciendo: “No me ha preocupado nunca el catre compartido por dos mujeres por intrascendente, pero compartido por dos varones, es sexo excrementicio”. Es decir, el benemérito anciano, además de homofóbico es misógino de lujo, dos características que lo hacen caballero del más patético estado de postración mental.

La tercera es de extracción académica. La ilustre Universidad de la Sabana la echa a volar: “La homosexualidad es una enfermedad” –expresa-. Así, sin reato de conciencia ni temor al ridículo,  pare el adefesio que la devela como desconocedora de elementales normas de convivencia.

La tapa del frasco corresponde a la afirmación hecha por la representante a la Cámara María Fernanda Cabal, quien bufa en do mayor a raíz del fallecimiento del Nobel colombiano: “Ya estarán en el infierno Fidel Castro y Gabriel García Márquez”. ¡Qué gol metiste, muchacha! Sobran los comentarios.

Mientras nos obcequemos en girar como trompos en una órbita milimétrica, la paz nos será esquiva. Ignorancia no equivale solamente a desconocer los arcanos de la lectura o la existencia de abstrusas fórmulas matemáticas. Y sí lo es el no haber logrado decodificar el abecedario de la condición humana, ese laberinto que nos hace animales arrogantes, necios e irrespetuosos. Ese enigma universal,  hermano de la luz y como ella seductor e indescifrable.