Huila exige paz, Acuerdo Ya
Israel Silva Guarnizo
Huila: Territorio Solidario
La realidad del país se torna compleja y sin aparente salida frente al futuro de la Acuerdos de La Habana una vez pasada la consulta plebiscitaria. Lo importante de todo el desenlace que ha tenido el haber ganado el NO, es el reconocimiento que Colombia está atada a esas viejas costumbres de participación en política. Me preocupa la forma como se resolverá tal en estos momentos porque las salidas están en manos únicamente del Gobierno y las diferentes vertientes del NO. Insisto, el país nacional o la población civil que no está representada en el Gobierno, ni en los partidos con representación en el Congreso que votó afirmativamente el Plebiscito, deben también constituirse en una opinión muy actuante y deliberante.
Las salidas para la implementación de los Acuerdos de La Habana deben ser políticas y pero también jurídicas, las dos deben ser parte indispensable para avanzar en el proceso de paz y, lo alcanzado en Cuba, es el punto de partida. Comparto que debemos generar un clima de unidad en torno a la defensa de los Acuerdos ya firmados y a las posibles adendas o adiciones que signifiquen mejorías a lo ya pactado. Las salidas jurídicas posibles que estarán en manos del Consejo de Estado, tendrán la responsabilidad de encontrar alternativas donde los colombianos hallemos unos acuerdos mínimos que simbolicen el clamor nacional de no poner un muerto más por causa del conflicto armado.
A solo dos semanas de haber pasado el Plebiscito me tranquiliza y me alienta que la incertidumbre y la desesperanza haya motivado y entusiasmado a esa población que por su rapidez, compromiso y entusiasmo se han movilizado de forma masiva en muchas ciudades para abogar por que lo acordado no se tire al cesto de la basura. Me refiero a los estudiantes y los jóvenes, quienes valientemente otra vez lideran las salidas a la crisis. Los jóvenes en general se caracterizan por su compromiso con las manifestaciones, las marchas en las calles y las plazas públicas que al fin y al cabo irradian el respaldo y apoyo que tanto necesita la actual coyuntura. Los jóvenes en general, incluidos los estudiantes, están liderando las grandes movilizaciones en defensa de los Acuerdos, han establecido un campamento de paz en la Plaza de Bolívar, lugar emblemático donde está representado el poder legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. Su presencia allí de manera permanente tiene un profundo mensaje simbólico. La paz deja de ser un derecho para convertirse en el poder que todos los ciudadanos debemos ejercer.
La gran tarea que debemos continuar bajo ese liderazgo juvenil es saber quiénes de verdad quieren la paz y quienes no están convencidos de ella. A los últimos hay que escucharlos y respetarlos buscando incluirlos con sus voces disonantes. Seguramente existirán personas y grupos que no solo no creen en la paz sino que se oponen a ella no porque lo digan, sino por sus actos. A ellos, el país nacional les mostrará que son minoría.
