Huila, Territorio Solidario: Niños y mujeres víctimas de la violencia
Por Israel Silva Guarnizo
Los hechos que demuestran la degradación del ser humano, son precisamente las formas más aberrantes que a diario informan los noticieros, donde en su mayoría, las víctimas son niños y mujeres producto de la violencia intrafamiliar y social. Lo que generan estos acontecimientos es impotencia, por la falta de justicia e impunidad en el esclarecimiento y el castigo a los culpables. Es parte de la crisis de esta sociedad. No se puede llamar de otra forma lo que diariamente informan las noticias. Lo paradójico del asunto es que todo se centra en tratar de buscar a los autores materiales como la acción más trascendental de la justicia, que por su función y naturaleza debe encargarse de hallar los responsables, someterlos a juicio e imponerles el castigo que se merecen. La muerte de los niños en el Caquetá es solo uno de los tantos que pasan, pero la intolerancia sigue sin detenerse.
Las muertes violentas contra las mujeres es la otra cara de la enfermedad que padece nuestra Nación y que merece todo el repudio y rechazo de los ciudadanos. Siguen dándose casos en las familias, en las comunidades y entorno laboral donde las cifras son las únicas que sirven para informar, denunciar y rechazar, pero la sensibilización y la concientización para que no vuelvan a suceder no se logran porque los esfuerzos son aislados y sin articulación.
No haré referencia al informe que divulgó la Universidad de La Sabana donde consideró que la homosexualidad es una enfermedad, pero la estigmatización y la homofobia es evidente.
El esfuerzo para recobrar el valor de la vida debe partir de la sociedad en su conjunto por parte de todos los actores estatales y no estatales. El problema no son las normas, existen en Colombia todas las leyes, decretos y jurisprudencia sobre la defensa, protección y garantías para las poblaciones focalizadas como niños, mujeres, indígenas, afros y comunidad gay entre otros. En el contexto internacional también existen y bastantes. Sobre las penas y castigos para los autores o victimarios podríamos afirmar lo mismo.
Lo paradójico y contradictorio de los casos es que cada vez van en aumento y algunos de ellos reflejan la crueldad y sevicia de los victimarios lo que deja al descubierto es la degradación del ser humano.
Los hechos que suceden son propios de las sociedades en crisis y Colombia la padece, aunque tenemos avances, logros y fortalezas que tampoco desconocemos, ahora lo que sí debemos es reconocer lo profundo de la violencia en Colombia. De ahí que el reto más grande que tienen las negociaciones de paz entre el Gobierno y las guerrillas es si algún día comenzamos a superar las diferencias no con la eliminación del adversario sino con el respeto de sus opiniones. El valor más sagrado de los seres humanos es la vida. Si la existencia de las personas no tiene esa connotación, individual y socialmente, no es viable ninguna sociedad.
La violencia es el fenómeno que tiene su arraigo desde el siglo pasado cuando comenzó, y desde esa época se ha institucionalizado en el país. El desafío es como desarraigarla de las actuales y futuras generaciones.
