Huila, Territorio Solidario: Los diálogos de paz deben continuar
Por Israel Silva Guarnizo
Lo sucedido en el Cauca donde 11 militares perdieron la vida en combate con la guerrilla llama poderosamente la atención para insistir por encima de todo en la paz, antes que en la guerra. Son los riesgos que se tiene en una negociación donde se definió dialogar en medio del conflicto.
Soy de los que piensa que aunque esta es una negociación política, las acciones militares tienen esa connotación. Es difícil que en el campo de batalla se puedan medir los impactos de las estrategias militares del Ejército y la guerrilla en los diálogos de paz en La Habana. El caso de la retención del general Alzate en el Chocó, mostró como una operación militar contraria pondría en riesgo las negociaciones. Pero esa fue la decisión que se tomó desde un comienzo por parte del gobierno colombiano. Aunque algunos le han achacado toda la responsabilidad a las FARC y eso es una verdad relativa, tratándose de una guerra irregular donde las condiciones topográficas y los movimientos en plena zonas de combate deja al descubierto lo difícil y compleja que resulta la guerra que se libra en Colombia. Los diálogos buscan precisamente acabar con ese conflicto endémico de más de seis décadas en Colombia.
Cuando suceden estos casos desgarradores y atroces que significan lo inhumano de la guerra, que dejan víctimas y familiares con heridas casi imposible de sanar, creemos que es fácil terminar el proceso, pararse de la mesa y pensar que es más viable volver a acrecentar la guerra. Desde la ciudad y los escritorios en las capitales y ante las cámaras y micrófonos es cómodo hablar de guerra. Pero otra cosa es estar en las zonas rurales donde el conflicto además de víctimas, desplazados y todo tipo de consecuencias deja a su paso, el atraso y la pobreza de los campesinos sin ninguna otra ilusión que trabajar sin la esperanza de poder vivir en paz.
El campo además de sufrir el conflicto armado ha aumentado algunos tipos de violencias que en otras épocas eran controladas y mitigadas por los actores armados que más allá de la legalidad gozan de la legitimidad y el mecanismo eficaz para ejercer la gobernabilidad en zonas donde no existe ninguna autoridad civil o de policía. Allí impera la ley del silencio y las normas son ejecutadas por las organizaciones que representan a los pobladores. Existen dos Colombia, la una donde se sabe que existe autoridad aunque muy poco se reconozca y sea legítima y la otra donde la autoridad y las normas se sabe que existen, pero la autoridad radica en las propias organizaciones de las comunidades.
La marcha del 9 de abril dejó ver multitud de campesinos, trabajadores, líderes sociales y empresarios que lejos de clamar por la guerra le apuestan a la paz. Entendida esta como la ampliación de la democracia, la justicia social, la equidad social y la superación de las necesidades de los colombianos. Es el momento de clamar nuevamente por la paz.
